3. El comienzo de la relación

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Llevábamos tres días quedando a solas y yo ya estaba totalmente enamorado de ella. Si que es cierto, que nos veíamos a diario por el hecho de trabajar juntos pero a solas, tres días hasta la primera cena romántica.

Todo iba muy rápido, esa primera invitación a cenar en mi casa… aunque se lo cuento a alguno de mis amigos y no se lo cree pero preparé mi primera cena vegana, sin ser vegano y sin haber querido serlo en mi vida (en mi favor, he de indicar que me encanta la comida y cocinar, además, a ella la encanta comer así que… estaba jugando para ganar), la cena quedó bastante rica y ambos quedamos satisfechos. Aquí llegó mi primer regalo un cofre con dos pulseras rojas del destino, obviamente, quería que una de ellas me la regalase a mí aunque no tenía porqué haberlo hecho (dicha pulsera está en la palanca de cambios de mi coche por miedo a que se rompa y se pierda, es un regalo suyo que me acompañará en todos mis viajes).

No hacía una semana del primer beso y yo ya estaba totalmente enganchado a esa chica más alta que yo, de pelo negro alborotado/rizado, de sonrisa perfecta y ojos marrones verdosos (soy pésimo describiendo colores, aquí cualquiera podría darse cuenta de que me sacas de los colores básicos y me parecen todos son iguales).

Confieso que me pongo a recordar estos momentos y… me resbala una lágrima por la mejilla.

Continuará…

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