14. Comienza la convivencia con S

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Retomemos la historia con S. Había estado buscando y viendo pisos en solitario para los dos y por fin, uno me convenció, no era nada del otro mundo pero, suficiente para los dos y para ir empezando. Eso sí, yo como rutina habitual en nuestra relación comenzaba la convivencia cagándola.

Llegó la semana en que entrábamos a vivir en nuestro piso compartido y al llegar el fin de semana, mientras ella estaba viniendo desde Madrid con sus cosas, yo estaba en mi pueblo empaquetando las mías, qué quiere decir esto, pues os lo explico que esas dos primeras noches ella las pasó sola en el piso, no pasa un sólo día sin que recuerde ese grandísimo error que cometí, del cual no fui consciente en ese momento.

Bueno, empezamos mal pero poco a poco las cosas nos iban mejor aunque el rencor por eso, estaba ahí y… nunca se iría.

Compartíamos vivencias, críticas y puntos de vista y… otro error, eso era lo que yo pensaba que hacíamos, en realidad, cuando ella me contaba sus problemas e inquietudes yo no le ofrecía mi punto de vista (siempre la he apoyado y la apoyaré pero a la hora de dar mi opinión o rebatir alguna cosa, me bloqueaba y no me salía nada) y en lugar de dársela lo que hacía era darla la mano o desviar el tema (ahora soy consciente de que haciendo eso parecía o daba a entender que no me importaban sus problemas o que los minimizaba o los consideraba una tontería, no es así, luego intentaba arreglar lo que ocurría de alguna forma, no siempre de la forma adecuada y de todo esto no era consciente por culpa del trastorno que sufro y que conocí después, la alexitimia).

Mis intenciones siempre fueron buenas, hacía lo que hacía de la forma en la que lo hacía sin ser consciente de que la causaba un daño porque lo único que necesitaba era escuchar lo que la tenía que decir, que le diera y/o mostrara mi apoyo con palabras y poniéndome en su situación, realmente lo hacía pero no lo exteriorizaba, no podía hacerlo y desconocía el problema que tenía.

Otro gran fallo que cometí es que cuando llegaba el fin de semana, en lugar de pasar todos los ratos libres con ella, aunque fuese lo que más deseara, regresaba a casa de mis padres a ayudarlos y no la traía conmigo, siempre la ponía alguna excusa tonta para que no viniera, sólo lo hacía para no meter mis problemas en su vida, una vida que se supone compartíamos y en la que yo la daba de la lado, paso muchas veces, muchísimas, demasiadas y lo tengo muy claro, diría que si tuviera que volver a pasar por eso actuaría de otra forma pero no sé si la estaría mintiendo a ella o a mi mismo. Ahora sé que, al menos, sí que sería sincero y le diría los motivos aunque no le convenciesen o no los aceptara pero se los diría, si que es cierto que aún lo haría por escrito, estoy trabajando en esta «enfermedad» pero decirle la verdad, se la diría.

Además de todo esto, hay más cosas, como el hecho de que mi ex pareja seguía viviendo en el pueblo y que todo era demasiado «oscuro y turbulento» aún y una vez más, el miedo me pedía evitar una confrontación entre ambas, S me dijo mil veces que no pasaría nada pero dos mechas cortas… la cagué una y otra vez.

Ahora sé que con este tema ha tenido una paciencia… cómo no voy a estar totalmente loco por ella si ha hecho más por mi y porque esté bien que yo mismo.

El otoño del 23 fue muy, muy malo entre nosotros dos, tuvimos una bronca enorme en la que preparó y guardó todas mis cosas y me puso de patitas en la calle y… adivina, adivinanza, ¿qué hice? sin rechistar recogí mis cosas, no peleé por quedarme y regresé a casa de mis padres. ¿Cómo alguien que sabe lo que quiere y lo que necesita y que esté en su sano juicio reacciona así? pues, como soy bobo, hice eso.

Aunque parezca mentira, todo eso remontó, las Navidades y la insistencia de los dos cambiaron un poco todo y coincidimos en que volvía a casa, volvía con ella, regresaba a seguir viviendo un sueño a su lado.

Continuara…

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