Lo reconozco, durante el proceso de ir conociéndonos tuvimos muchos desencuentros, no peleas puesto que siempre se evitaban por mi parte, pero si choques y roces pero, todo eso eran tonterías para mí. Había, bueno, estaba conociendo a la persona más increíble que me había encontrado nunca y no sólo eso, es que esa persona se había enamorado de mí, de alguien con un complejo de inferioridad enorme y que cada vez que la miraba se enamoraba más y más y que no dejaba de preguntarse cómo podía ver algo en alguien como yo.
Os contaré algo, padezco insomnio crónico diagnosticado desde que tengo 18 años, he dormido muchos más años mal que bien, ¡puuuufffffff!, ¿qué quiere decir esto? pues que he pasado horas y horas viéndola dormir plácidamente a mi lado, entre mis brazos o dándome la espalda y es lo más bonito del mundo y no sólo me refiero a ella sino a ese momento, esa sensación que me hacía sentir (creo que ya he confesado que la amo, ¿verdad?), pasar lentamente mis dedos por su espalda y notar cómo se estremecía me ofrecía un placer… recordar esto me pone feliz y me duele al mismo tiempo.
Pero, continuemos.
Cuando digo que comencé a vivir es que cada día a su lado era una experiencia nueva, con ella conocí Madrid, me enseñó a sonreírle a la vida, a sorprenderme al ver ¡un ciruelo!, ¡otro ciruelo!, y así sólo dando vueltas a un parque que desconocíamos, me descubrió el Norte de España y me encantó (tanto que desde entonces lo visito en cuanto puedo), otras comidas, cocinas y maneras de cocinar, lugares que nunca había pensado visitar y el placer de pasear por el monte en pleno Madrid, que desde fuera parece imposible pero no lo es.
Durante todo este proceso por diferentes motivos, ella tuvo que volver a casa de sus padres por causas ajenas a nuestra relación pero que viniendo lo que venía después nos dificultaba un poco vernos tanto.
Continuará…
Deja un comentario