Antes de seguir con todo lo que ha pasado con S y que llevó a que en estos momentos no quiera saber nada de mí ni escuchar todo lo que por fin tengo y puedo empezar a contar (aunque, de momento, tenga que hacerlo por escrito) os voy a hablar sobre mi, un poco más en profundidad.
Siempre he sido el patito feo de mi grupo de amigos, el que todas las chicas consideraban su mejor amigo, su confidente, “la mejor persona que conozco”, “la que cuidaría de mí” pero a quien a la hora de la verdad… era demasiado feo, es la realidad, un chico con orejas de soplillo, el tabique de la nariz desviado por una rotura de la que nadie se dió cuenta hasta que era demasiado tarde para solucionarlo, delgado y poca cosa y asustadizo (sólo sacaba orgullo cuando jugaba a fútbol sala y me encantaba ser así, aunque en el día a día me era imposible por miedo, una vez más, este, jodiéndome la vida).
Era buen estudiante y las matemáticas siempre se me dieron muy, muy bien, lamentablemente, caí en una familia muy humilde. Estuve a punto de ser reclutado por los curas puesto que fuí monaguillo y viendo el potencial académico que tenía quisieron que me fuera a un colegio interno y ellos lo financiarían todo, hablaron con mi familia y sólo el apego y el no haber salido nunca de casa impidieron que mi vida diera un giro de 180º, ¿quién sabe dónde estaría ahora?. Al final, realicé mi formación en un instituto público. Profundizando un poquito en esto, esos años fueron terribles para mí, sufría acoso constante por parte de varios compañeros que sólo conseguían que mi rendimiento no llegase a lo esperado ni por mí ni por mi familia, me daba miedo sacar buenas notas porque si lo hacía me “castigaban” esos compañeros, en mi último año de instituto no conseguía aprobar un examen de matemáticas cuando, en realidad, era yo quien se las explica a mis compañeros (siempre de forma en que el resto no se enterase, otra vez, el miedo) los años de instituto pasaron (estoy llorando mientras recuerdo y escribo todo esto) y llegó el momento en que debía ir a la Universidad pero debido al rendimiento ofrecido en los años de instituto mis notas no optaban a conseguir una Beca con la que poder estudiar fuera de casa (como anteriormente señalé, mi familia siempre fue muy humilde y aunque nunca faltó un plato de comida para nosotros sí que en alguna ocasión faltó para mis padres, alguna vez tuve que sacar dinero de la hucha para poder tener un poco de pan para comer) es decir, el estudiar y mantenerme fuera de casa era imposible.
En tema sentimental… la cosa no iba mejor, el ser un buenazo ayudaba pero, el ser más feo que un pie… sólo conseguía que nadie se fijase en mí de forma romántica y si ahora los niños son muy crueles, cuando yo tenía 16 años lo del bullying era totalmente desconocido y cualquier chica se reía en tu cara y se lo contaba a sus amigos que se reían más de ti todos juntos y, que no te hiciera daño porque entonces no eras un hombre. Tanto es así que mi primer beso fue con 17 años y la primera vez que practiqué sexo fue en un coche con 23 años ya, imagínense la estampa, vamos, una joyita visual, ¿cómo una persona así no va a estar acomplejado y ser lo más inseguro del mundo?
El caso, llegó el momento de vivir y gozar de la vida universitaria, a la que todos mis amigo accedían y mientras yo… me quedaba en casa, estudiando un módulo a dos minutos andando de casa de mis padres y mostrando que era lo que quería hacer y que la Universidad no era para mí, mientras que la envidia de ver como el resto de mi gente se lo pasaba bien pero, a su vez se labraban un futuro y yo no podía o creía que no podía hacerlo y me conformaba con eso me destrozaba por dentro. Estudiaba y los veranos aprovechaba y trabajaba como encofrador para no necesitar dinero durante el año y poder no vivir de mis padres aunque lo hiciera en su casa.
Cuando finalicé el módulo de Administración y Finanzas, encontré trabajo rápido pero la experiencia fue bochornosa, ahora mismo ni recordarla quiero, veremos más adelante.
Continuará…
Deja un comentario