Estoy muy, muy rallado, resulta que hoy ha habido un despido en la tienda y S, la muy… no saldrán de mis manos ni mi boca esos adjetivos calificativos que la iba a dedicar.
Resulta que la muy sin vergüenza, me dice a mí que no la escriba porque te sientes agobiada si lo hago y ¿tú?, tú me escribes porque te mata la curiosidad de qué ha pasado con una compañera.
Sé perfectamente lo que ha pasado, he leído y he firmado la carta con todo lo ocurrido, me han pedido que no comente los motivos con nadie de la plantilla, obviamente, te lo diría, para mí, eres mi todo tanto dentro como fuera pero, ¿no has sido capaz de preguntarme cómo tengo la boca después de pedirte ayuda el jueves? ¿después de pedirte, por favor, un puto plato de comida que llevarme a la boca? Y ahora, ¿ahora me escribes para esto?
Son aptitudes que me causan vergüenza, ahora mismo después de los últimos desplantes, de las últimas mentiras y los últimos engaños… me causa asco y lo único que consigue que te vea con ojos diferentes son estos putos sentimientos que albergo hacia ti y que aunque sea difícil conseguiré desgarrar de mis adentros.
No te odio, porque te quiero pero, quizás (después de estos días en que me estoy dando cuenta de muchas cosas) un poco menos.
Continuará…
Deja un comentario