Ahora recordemos cosas del pasado ya que hace días que no escribo sobre ello.
Se hace un poco difícil hacer memoria con sólo dos horas de sueño pero vamos a ello.
Nos vamos a retrasar a la época de la que vienen muchos miedos y desconfianzas.
Nos remontamos unos 20 años, ya lo conté unos post atrás, aunque de una manera rápida y un poco enrevesada, creo que incluso, en algunas cosas me lié un poco, que me disculpe quien me esté acompañando con esta lectura pero, es algo un poco doloroso de recordar para mi.
Quedemos atrás todos los complejos que llevo dentro, esos vienen de jovencito, el ser “poco agraciado visualmente” (digamos feo y terminemos antes), las orejas grandes, la nariz deformada…
Vamos a tratar el tema de mi primera relación seria. La conocí al poco tiempo de trasladarme a Cáceres, era la primera vez que salía fuera de casa de mis padres y me puse a buscar trabajo, como ya dije anteriormente cualquier cosa que me ayudase a subsistir sin ayuda y que luego me diese la oportunidad de buscarme otro trabajo mejor.
A los pocos días, encontré trabajo en una cadena de comida rápida, lo siguiente fue buscar piso, pues esos primeros días los pasé en el piso de un amigo.
Al principio, comencé a compartir piso con un compañero del trabajo, empecé con un contrato de 25 horas/semana y no podía permitirme vivir solo a pesar de que esa ciudad por entonces no era muy cara en cuestión de vivienda de alquiler.
A los dos meses de estar trabajando, ya me habían subido las horas del contrato a 40 semanales y estaba formándome para ser responsable por lo que el sueldo también había subido y decidí vivir sólo pues mi compañero era un poco “cochino”, unos amigos de mis jefes tenían un piso cerca del trabajo y gracias a la imagen de responsabilidad que daba me lo ofrecieron y lo alquilé.
Un día, tomando unas cañas con unos compañeros, conocí a una chica, no diré su nombre porque aún me duele lo que terminó sucediendo.
Nos íbamos conociendo poquito a poco, ambos teníamos nuestros trabajo, ella compartía piso con 3 chicas (todas cerraban su cuarto con llave) por lo que pasábamos la mayoría del tiempo en el mía y ella entraba y salía con total libertad.
Todo iba muy, muy bien, pasábamos horas y horas hablando de nuestras vidas, contándonos lo que hacíamos durante el día y nos fuimos poco a poco presentando en sociedad a nuestros amigos y familia, vamos, como cualquier pareja normal.
Los días pasaban y pasaban, me encantaba como me hacía sentir, era la primera chica de la que me enamoré y con la que perdí la virginidad.
Sí, con 23 años, para que os hagáis una idea de cómo había transcurrido mi vida sentimental hasta entonces.
Era preciosa, nunca entendí que podía ver en mi para que estuviera conmigo, para llegar a enamorarse de mi.
Transcurrían los meses y cada vez pasaba más tiempo en mi casa. La regalé un perrito, un pequeño caniche, al principio costó me poquito porque me lo dieron muy pequeñito y tuvimos, incluso, que darle biberón.
Kovu, se quedaba en mi casa porque como ella compartía piso era un engorro, al final, era de ambos y yo estaba encantado con la compañía.
El chiquitín crecía rápido, en realidad, es que pasaba el tiempo rápido porque estábamos genial, sus padres me tenían por las nubes y en mi casa la adoraban a ella, a mis amigos les encantaba como me veía cuando estábamos juntos (tampoco era mucho porque vivíamos fuera de mi pueblo).
Ella conocía todo de mi, todo, y llegó un día en que tal y como todo transcurría decidí venirme arriba, compré un anillo, comida y un montón de cosas para preparar un ambiente cálido y romántico en casa y preparar una cena increíble y pedirla su mano.
Llegó esa noche y… la cena quedó increíble, el ambiente fue… me quedó todo genial, al llegar el postre, hinqué rodilla y le pedí que pasara su vida conmigo y… aceptó. ¡Que momento! ¡No podía sentirme más feliz!
Al día siguiente, lo fuimos anunciando a familia y amigos cercanos, sólo el hecho del compromiso.
En las siguientes semanas, se vino a casa, llevábamos casi dos años juntos, vivíamos como enamorados y yo era un libro abierto.
En los referente a lo laboral, también me iba genial pues, a pesar de seguir en un restaurante de comida rápida, ya me habían hecho gerente de uno de los locales y cobraba bastante bien aunque también trabajaba bastantes horas.
De pronto, una semana, comenzó a estar rara, distinta, parecía que algo en ella había cambiado. Le preguntaba pero no me decía nada, esto fue un jueves, el viernes cuando me desperté se comportó de una forma muy esquiva, a penas habló en todo el día, lo pasamos juntos porque ambos descansamos, estuvimos paseando con el perro, fuimos al cine, cenamos en casa y no sé, todo parecía medio normal aunque algo la “preocupaba” porque apenas dijo palabra en todo el día.
El sábado entraba a trabajar a las 14:00 y cerraba yo por lo que ambos sabíamos que, al menos, hasta las 3 de la mañana no llegaría.
La llamé en mi descanso pero no me cogió el teléfono y tampoco le di la mayor importancia, pensé que estaría sacando al perro y lo habría dejado en casa como otras veces.
Al salir, le mandé un mensaje para decirla que ya iba a casa, no la llamé por si se había quedado dormida no despertarla, si lo veía me llamaría como siempre.
Al llegar a casa…
Estaba vacía, literalmente vacía, no había muebles, no había ropa, no estaba nuestro perro y obviamente, no estaba ella.
No sé ni qué cara puse pero algo en mí se rompió para siempre, no comprendía que había pasado y a día de hoy sigo sin saberlo ni comprenderlo.
Me acerqué a comisaría para poner una denuncia, en primer lugar, pensando que podía haber pasado algo y allí, al explicarles la situación (me atendió un chico al que conocía de haber estado trabajando juntos en campaña de cerezas en mi pueblo y nos llevábamos bien) me pidieron que comprobase mi cuenta y… estaba como el piso, vacía y con la tarjeta de crédito en -8.627,42€.
Se lo había llevado todo.
La policía no llegó a encontrarla nunca. Esa misma semana los padres se pusieron en contacto conmigo y con la policía para comunicar que se había puesto en contacto con ellos para decirles que estaba bien, que sentía lo que había hecho y cómo lo había hecho pero… que no la volverían a ver.
Y es cierto, nunca supe más de ella, a día de hoy mi amigo dice que siguen sin saber nada de ella.
Él mismo me dejo algo de ropa y algo de dinero pues no tenía nada para el domingo ni opción de comprar nada ni tampoco tenía dinero.
El domingo estuve hablando con los caseros y… tenía que devolver todas las cosas que ella se había llevado pues el seguro no se hacía cargo y ellos me denunciarían a mí por haberla alojado a ella sin reflejarlo en el contrato de alquiler.
El lunes no fui a trabajar alegando que no me encontraba bien y me fui al banco con la denuncia. En el banco, me cancelaron parte de la deuda de la tarjeta de crédito pero… ya está, me tocó pedir un préstamo para cerrar la deuda de la tarjeta, comprar todo el mobiliario y tener algo de efectivo en cuenta para poder vivir. Fue un préstamo de 20.000,00€ por los cuales terminé pagando algo más de 32.000,00€.
Nunca le dije esto a nadie. Ni familia, ni amigos, ni posteriores parejas, nunca, absolutamente, nunca, nada ni nadie supo nada de esto, ¿motivo? sencillo, siempre he puesto la opinión de los demás hacia mi por encima de la mía propia y el miedo a ser juzgado… es demasiado malo, sentí que sin haber hecho nada, todos me juzgarían y me culparían cuando, en realidad, yo era la víctima pero no podía verlo así en ese momento.
Sinceramente, creo que esto fue lo que me hizo encerrarme en mi, en no contar mis problemas, no saber cómo reaccionar ante los problemas de la gente que quiero, en no aferrarme a lo material ni el dinero (porque se va en un momento, ya me lo quitaron todo una vez).
Continuará…
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