65. Confesiones

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Venga, hoy voy a soltar una de esas que pueden dejar a cualquiera con cara de tonto, sólo con leerlo e incluso sin conocerme.

Sólo le dije a una persona las intenciones que tenía con S desde que supe que estaba enamorado de ella, a mi mejor amigo, a mi hermano pequeño, a Mario. Al principio, me dijo que estaba loco, me cuestionaba cómo podía haber llegado a la determinación a la que había llegado, ¿qué era? le dije que era la mujer de mi vida y que un día más pronto que tarde le pediría que fuera mi acompañante de por vida, ella siempre dijo que casarse no entraba en sus planes pero, le pediría que se prometiera o más bien comprometiera conmigo.

Al principio a Mario, contándole los roces que teníamos y lo que chocábamos de vez en cuando, le parecía una locura pero tal y como le hablaba de ella, comprendió que lo que sentía era muy fuerte y más al ver que cada vez que me preguntaba o yo le hablaba sobre ella, mi cara se iluminaba.

La confesión que tengo que hacer es que ya hace tiempo… compré un anillo para ella, estaba decidido a pedírselo (que no habría querido decir que con eso nos tuviéramos que casar, sería algo simbólico hasta que ella sintiera que estaba preparada para dar el paso si un día así lo decidía o no), le había dado mil vueltas a cómo hacerlo de la forma más bonita posible, a pesar de los problemas que podíamos tener, siempre supe que saldría bien y… vamos, que he estado a punto de acertar, le pongo un poco de sarcasmo por no ponerme a llorar.

Así que ahora la situación es que yo me encuentro roto, sólo y con un anillo para ella que nunca pondré en su dedo y ella feliz y con el corazón ocupado por otra persona.

Hasta ese punto la sentía, la siento…

Todo marcha viento en popa, vamos, justo como lo había planeado cuando la conocí.

Continuará…

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