S, cuando pienso en ti, no sólo pienso en quién eres o la imagen que transmites al mundo, sino en todo lo que a mi me haces sentir. Eres más que toda esa suma de cualidades que atesoras, más que una mirada que me atrapa o una voz que siempre me calma. En ti veo algo que no consigo explicar con palabras, algo que va más allá de lo simple y evidente, algo que sólo se siente.
Veo tu fuerza, tu energía, incluso en los días en que dudas de ti misma. La forma en que enfrentas las cosas, aunque no siempre te des cuenta de lo valiente que eres.
Admiro cómo sigues adelante, cómo encuentras motivos para sonreír aun cuando el mundo se pone difícil.
Veo tu bondad, esa que a veces ocultas detrás de una fachada de indiferencia, pero que puedo notar en los pequeños gestos, en las palabras que escoges con cuidado, en la forma en que estás para los demás.
Veo tus sueños, incluso esos que no compartes del todo. Veo ese brillo en tus ojos cuando hablas de algo que amas, cómo si se encendiera una chispa en ti que me inspira a buscar los míos con la misma pasión que tú muestras.
Pero más que todo, veo tu humanidad. Tus días buenos y tus días malos. Tus certezas y tus dudas (algunas de esas dudas, es cierto, que no pude verlas y ahora… ahora estoy fuera de tu mundo por ello).
Tus momentos de alegría y aquellos en los que todo parece pesar. Y en cada uno de esos momentos, encuentro razones para quererte aún más, porque eres real, porque eres tú.
Si alguna vez dudas de lo que eres, si alguna vez sientes que el mundo no ve todo lo que llevas dentro y ya no estoy para recordártelo, quiero que tu sola recuerdes esto: yo, lo veo. Y lo que veo, es lo más hermoso que la vida me puso delante.
Continuará…
Deja un comentario