88. Duele amarte

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Hay un tipo de amor que no se puede forzar. Un amor que, por más que lo desees, no siempre tiene la respuesta que esperas. Aunque lo que siento por ti es sincero, profundo y verdadero, me doy cuenta de que ese amor no va a ningún lado, o al menos no hacia donde yo lo imaginaba. Y aunque me consume por dentro, tengo que aprender a soltarlo.

Debo dejarte ir, porque aunque mi corazón aún te busque en cada rincón, tú no me ves de la misma manera, y eso es algo que debo aceptar.

A veces me pregunto si todo lo que percibí de ti fueron solo señales que inventé en mi mente, una ilusión que creé porque quería ver algo más, algo que no existía. ¿Tus miradas, tus sonrisas, tus palabras, realmente tenían el significado que yo les daba? O quizás, simplemente, sólo fueron momentos fugaces para ti, alguien con quien compartías momentos con fecha de caducidad y sin pensar que detrás de cada gesto había algo más, algo más profundo. Quizás la realidad es que, por más que me duela aceptarlo, nunca fuimos más que dos almas cruzándose en el camino de la vida, sin un destino compartido.

Y aquí estoy, con este amor que sigue vivo dentro de mí, que no entiende de despedidas, que no sabe cómo soltar lo que ha sido tan importante. Pero, aunque mi corazón me grite lo contrario, sé que debo liberarte. Debo aprender a verte con ojos de amistad, aunque ni tan siquiera sé si quieres eso, aunque me cueste dejar ir la idea de lo que soñé. Porque, al final, el amor no es solo sentir, sino también saber cuándo es el momento de soltar, de dar espacio al otro, de aceptar que no siempre las cosas salen como uno espera.

Es doloroso querer a alguien y no ser correspondido de la misma manera, y más cuando ese amor es tan verdadero, tan pleno, tan profundo, tan real. También sé que, si realmente te amo, debo dejarte ir, porque amarte no significa aferrarme a una ilusión. Amar también es desear lo mejor para ti, sin importar lo que eso signifique para mí. Y, aunque me duela, si lo que tú necesitas no incluye un «nosotros», tengo que aceptar que mi lugar en tu vida es el de un amigo o como en “La Historia Interminable, la NADA”.

He pasado tanto tiempo buscando señales, buscando en ti algo que me confirmara que no era solo yo quien seguía sintiendo esto pero, las señales no siempre son claras, y las interpretaciones que uno da a los gestos del otro pueden ser erróneas.

Quizás lo que sentí fue solo un reflejo de mis propios deseos, una construcción de mi mente que se aferró a algo que nunca fue real. Y es doloroso aceptar esa verdad, porque duele entender que el amor que sentía no fue lo que yo pensaba, no fue lo que yo deseaba.

Hoy, me doy cuenta de que debo dejarte ir, no porque ya no te ame, sino porque lo hago lo suficiente como para desear que seas feliz, incluso si esa felicidad no está conmigo. Es difícil, pero, sé que lo que debe de importarme ahora es lo que tú deseas para ti, lo que tú necesitas, y eso no siempre incluye a alguien que como yo te mire con los ojos de un loco enamorado. Quizás nunca supiste lo que sentía realmente, o tal vez lo sabías pero llegó un momento en que no soportaste “como yo sentía”. Y aunque eso duele, debo ser honesto conmigo mismo y aceptar que, para que ambos sigamos adelante, debo soltar este amor, debo dejarlo ir.

El amor no siempre se trata de obtener lo que uno quiere. A veces, amar significa reconocer lo que el otro necesita, aunque eso implique apartarse. Y, aunque mi corazón aún desee estar a tu lado, aún desee que cada noche lo refugies entre tus sueños, sé que el mejor acto de amor que puedo hacer por ti es dejar que sigas tu camino, dejar que tu vida siga el curso que has elegido, aunque yo no esté en ella de la forma que imaginé, de la forma en que quiero estar.

Y, aunque me cueste, aunque el dolor me queme por dentro, debo aprender a verte como otra cosa a la que prefiero que el nombre se lo pongas tú. Porque en el fondo, lo que más quiero es que seas feliz, y si eso significa que mi amor debe quedar en silencio, entonces lo haré. Duele amarte, pero más duele dejarte ir.

Continuará…

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