Desde ese primer día en que nuestros destinos decidieron cruzarse, supe que había entrado en mi vida una persona que podría arrasar con todo por su fuerza, energía, vitalidad y por esa buena vibra que desprendías, no sé es una sensación que me resulta difícil de describir con palabras. Los dos sabemos que no fue un enamoramiento instantáneo, todo se produjo de forma tranquila y casi sin darnos cuenta, el caso es que cuando quisimos ser conscientes de lo que estaba pasando “ya era tarde” para dar marcha atrás.
En ese mismo momento en que cruzamos fijamente las miradas, nos cogimos de las manos y nos dimos el primer beso… desde ese preciso instante te convertiste, sin duda, mi calma y mi locura, esa combinación perfecta que me hace sentir tan pleno, tan vivo.
Desde entonces cuando el mundo me resultaba caótico, cuando las preocupaciones y las dudas parecían invadir mi mente y superarme, aunque no fuera capaz de exteriorizarlo, eran en tus brazos donde encontraba esa paz que tanto necesitaba.
Tú, a aportarme esa tranquilidad con sólo tocarme, conseguías hacerme ver las cosas desde una perspectiva diferente, me devolvías la serenidad que creía perdida. Eras esa calma profunda que me ayudaba a respirar, a soltar, a confiar. Cuando todo parecía desmoronarse a mi alrededor, era tu voz la que me reconfortaba y me recordaba que todo estaría bien. En tu mirada, cuantas veces acudí a ella, de hecho, en ocasiones aún la recuerdo, encontraba esa paz para calmar mi tormenta interna.
Al mismo tiempo, eras mi locura, la chispa que prendía el fuego en mi alma, el impulso que me hace desafiar mis propios límites. Me hacías sentir mariposas en el estómago (aún lo consigues y hasta el más tonto se daría cuenta de ello) con tu sonrisa, me hacías reír hasta no poder más con tus ocurrencias, me hacías soñar con aventuras que nunca había imaginado. Eras la razón por la que he conseguido atreverme a hacer cosas fuera de mi zona de confort, por la que la vida se vuelve un poco más impredecible, un poco más emocionante.
A tu lado, nada era imposible. Cuando te miro, veo una mezcla perfecta entre serenidad y pasión, entre paz y caos, que hace que cada día contigo sea una nueva aventura, un nuevo reto que vale la pena vivir.
Sigues siendo esa energía que me mantiene en movimiento, que me inspira a creer, a mejorar, a seguir adelante, incluso cuando las cosas parecen difíciles. Y, a su vez, eres la quietud que me brinda consuelo cuando el ruido del mundo me agobia.
Es curioso cómo una sola persona puede ser ambas cosas para mí: Mi refugio y mi aventura, mi seguridad y mi incertidumbre. Eres mi razón para quedarme tranquilo y mi impulso para lanzarme a lo desconocido.
Creo haber llegado a entender que he terminado locamente enamorado y por eso me está costando tanto olvidar, tanto dejarte ir, tanto pasar página…
Me enamoré por esa calma que me daba paz pero, también me enamoré por aportarme esa locura que me empuja a ser mejor, a vivir de manera intensa y a no conformarme porque, a tu lado, la vida no tenía límites.
Gracias, mi calma… mi locura…
Continuará…
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