148. Amor

By

Estoy enamorado… durante la noche, mientras pensaba en todo lo que ha sido esta historia, me di cuenta de lo mucho que has marcado mi vida y, es que estoy enamorado de ti, de una manera tan profunda que me resulta difícil poner en palabras todo esto que siento. Más allá de lo evidente, más allá de los momentos que compartimos, hay algo en lo que me detengo una y otra vez: los recuerdos de esos pequeños gestos que hacían que cada día contigo fuera único y especial para mi.

Recuerdo aquellos primeros mensajes, cuando nos conocíamos poco y todo era un juego de palabras tímidas y preguntas curiosas. Era asombroso cómo una simple conversación, un «¿cómo estás?» o un «buenos días», lograba ponerme de buen humor. No era sólo la comunicación, sino el hecho de que cada palabra tuya llevaba consigo una cercanía que me hacía sentir especial, como si cada mensaje estuviera escrito sólo para mí y aunque el tiempo ha pasado, sigo guardando cada uno de esos textos en un rincón de mi corazón, como un recuerdo eterno de cómo llegué a enamorarme de ti.

También está la forma en que eras conmigo, esa manera tan única que tenías de hacerme sentir bien en cualquier momento. Me hacías sentir como si fuera la única persona en el mundo que importara en ese instante.

Recuerdo cómo te preocupabas por cada detalle, cómo me preguntabas si había tenido un buen día, si había algo que necesitaba y cómo tus palabras eran siempre llenas de ternura y de cariño.

Todo en ti era una constante muestra de amor, de esa dedicación que sólo alguien que verdaderamente te quiere puede ofrecer. Y yo, simplemente, me derretía con cada uno de esos gestos aunque, lo que más guardo como un tesoro es el recuerdo de nuestros abrazos. ¡Qué decir de esos abrazos! Cada vez que tus brazos me rodeaban, sentía que el mundo desaparecía a nuestro alrededor, que tiempo se detenía y que todo lo que importaba era ese momento. En esos abrazos encontraba la paz que tanto necesitaba, la seguridad de que estábamos juntos y eso me hacía sentir algo verdadero. Cuando me apretabas contra ti, no solo me sentía amado, sino también comprendido, protegido. No era necesaria una palabra, no hacía falta nada más que estar allí, en ese abrazo, porque en él estaba todo lo que necesitábamos expresar.

Y entonces estaban esos «te quiero» que me decías con tanta sinceridad. Esas tres palabras que, aunque simples, eran suficientes para llenar mi corazón de felicidad. Los decías con la misma calma con la que te entregabas a cada gesto, con la misma sinceridad con la que me mirabas a los ojos. Cada vez que las pronunciabas, sentía que el mundo, en su totalidad, tenía sentido. No había nada más verdadero que ese «te quiero» y saber que venía de ti lo hacía aún más especial.

Eso sí, lo que realmente me enamoró, lo que hacía que mi corazón latiese más rápido, es esa parte de ti que no puedo dejar de encontrar fascinante: tu forma tan loca y única de ser. Hay algo en tu manera de reír, en cómo te entregas a cada momento, que me hace sonreír como un tonto. Me encanta esa forma tan tuya de ser impredecible, de sorprenderme en cada momento. Un día me sorprendías con un mensaje tranquilo y al momento me hacías reír a carcajadas con algo tan sencillo como una broma inesperada y aunque a veces me dejabas completamente desconcertado con tus “putas locuras”, es precisamente esa locura lo que me enamoró tanto de ti.

Solo quiero que sepas que, hoy más que nunca, me encuentro enamorado de ti, a pesar de todos los momentos malos que también pasamos. No sé qué pasará más adelante pero quiero que tengas presente que mis sentimientos por ti son sinceros, son reales. Me enamoraste con cada gesto, con tu forma tan “diferente” de ser.

Estoy enamorado…

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario