Es cierto que los días se me hacen bastante largos, que intento ocupar el mayor tiempo posible en no pensar en ti, en qué estarás haciendo o si algún recuerdo mío pasará por un instante por tu mente y me echarás de menos pero, las noches son distintas, como bien sabes, S, llevo muchos años con insomnio crónico y sólo la paz que me otorgaba tu respiración en consonancia con la mía me aportaba la calma suficiente para descansar en las noches eternas, por tanto, ahora que vuelvo a las andadas de no dormir, desde hace tiempo ya, recorro mi vida y me quedo en silencio pensando en nosotros mientras me invade la nostalgia, al recordar aquella magia de lo que alguna vez fuimos, de lo que alguna vez tuvimos.
Me imagino que nada ha cambiado, bueno, sí, pero que hemos mejorado y que podemos continuar, que el tiempo no ha transcurrido, que no ha hecho estragos en tu corazón ni en el mío; que nada ha pasado, que aún podemos ser como éramos antes, como ese par de locos que sonreían al mirarse…
Sueño despierto con que esto lo podemos arreglar, que aún existe esa posibilidad de un «nosotros», que hemos olvidado cuanto lo arruinamos y que hemos vuelto a apostar por seguir juntos.
De pronto, esa fantasía cambia y te veo, estás aquí, parada frente a mí y yo de tí… tratando de entender que nos ha pasado, tratando de comprender que nos ha llevado a ese preciso momento, tratando de encontrar las palabras para no herirnos ni hacernos daño, para no lastimarnos más el corazón, para romper el hielo, pero ni tú ni yo decimos nada.
De pronto los dos hablamos y decimos lo mismo, nuestra voz parece una sola, ambos al unísono nos decimos: Sólo mírame y no digas nada, deja que el silencio se apodere de nosotros y quédate así por un instante, hagamos inolvidable esta escena, la última mirada, el último abrazo, grabar en la mente nuestros gestos…
Déjame, S, déjame pensar que nada ha cambiado entre nosotros, que todo sigue igual, que nada ha perturbado nuestros sueños, que aún tenemos planes que cumplir aunque sea uno de ellos.
Déjame, S, déjame soñar que seguimos siendo como ese par de desconocidos tímidos, enamoradizos, como lo éramos antes, intensos, que nos calaba el amor hasta los huesos.
Por favor, quédate así, en silencio antes de que termine todo esto, antes de que termine esta ilusión y antes de que me pidas que me vaya y continúe escribiendo nuestra historia, pero ya, con tu ausencia.
Me imagino todas las noches que olvidamos nuestras diferencias, las palabras que nos dijimos y quizás no queríamos decir, olvidemos el mundo, olvidemos las veces que nos dijimos «te quiero» después de herirnos y quédate así, aquí, conmigo al menos sólo un instante, en silencio, porque este momento es nuestro y no habrá otro más adelante.
Déjame, S, déjame abrazarte, déjame sentirte, olerte, tocarte por última vez, déjame llevarme tu aroma, ese olor que se desmorona porque ni tú y yo encontramos la forma de salvarnos, de perdonarnos, de reconocernos y aceptarnos.
Quédate, por favor, quédate así, en silencio abrazando nuestros miedos, los tuyos y los míos, porque siendo sinceros, los dos caímos por ellos, que la ansiedad de estar aterrados, con ese abrazo termine desapareciendo.
Detente, S, sabes bien que no es lo correcto que no nos diéramos un último beso, que no supiéramos que era la última vez que nos hacíamos el amor o que nos hagamos polvo y negarnos la oportunidad de ser eternos.
Déjame, S, déjame llevarme tu piel en mi corazón, en el tacto de mi manos, el sabor de la miel de tu vientre en mis labios, el grito de tu boca, los gemidos al oído cuando entre sábanas y caricias me decías «te amo».
Déjame, S, déjame amarte sin decir palabra alguna, sin que desnudemos el cuerpo, pero si el corazón en esta despedida.
Y luego demos un paseo en silencio sin buscarme culpables; sabes bien que nuestros errores nos trajeron hasta aquí y las consecuencias son irreparables a menos que luchásemos juntos contra ellas.
Es inevitable nuestra despedida y ponerle fin a esto, porque, al menos tú, del corazón te has desecho y eso, eso es irreversible… no supe pedir ayuda cuando la necesitaba y todo se fue a la inmensidad.
Déjame, S, déjame abrazarte y al oído susurrarte y desearte que la felicidad algún día pueda alcanzarte, la que tristemente yo no pude darte, la que suspiro por poder ofrecerte algún día.
Déjame, S, déjame secarte las lágrimas, bien sean de tristeza o alegría, abrazar esa linda carita y besarte en la frente, porque si fuera la última vez que nos miramos a los ojos, quiero llevarme eso y abrazar ese momento.
«Mi amor, hasta siempre.»
¡Gracias por regalarme este tiempo!
Continuará…
Deja un comentario