Que difícil se vuelve todo tu mundo cuando tienes que despedirte de aquello que tú corazón no quiere soltar, cuando le tienes que decir adiós a la persona que amas y en el fondo te encuentras rezando porque se quiera quedar, que difícil cuando ves que ya no puedes hacer nada para detenerla porque así es el destino, unos llegan y otros se van.
En realidad, nada es tan sencillo como parece, no sólo es levantarse al día siguiente y continuar como si nada hubiese pasado, la vida te enfrenta, te pone de rodillas y lo único que te queda es renunciar a ti mismo y a esos sueños que tenías junto a esa persona, no sólo se trata de renunciar a la otra persona, también es renunciar a ti mismo, obligarte a seguir cuando no quieres levantarte ni siquiera de la cama, los recuerdos te inundan como una lluvia infinita y te atormentan en las noches más frías y oscuras que, además, ahora tienes que atravesar solo.
Que difícil cuando esperas esa llamada, que sabes que jamás llegará y ya no puedes aguantar más porque el dolor se ha adueñado de tus emociones, que no paras de llorar solo en tu habitación queriendo poder abrazarla y expresarle todo lo que sientes porque antes no podías y ahora no paran de salir estas cosas de dentro de ti.
Hoy, me siento agotado, hoy, sólo quiero sentarme a la orilla de mi cama y poder escribir todo lo que siento en este post, para mi, de los más dolorosos que he escrito, pero lo más profundo que puedo y, esta vez, sin miedo al que dirán.
Absolutamente todos en algún momento pasamos y pasaremos por algo así, es parte de la vida y creo, sinceramente, que te hará valorar aún más los momentos con esas personas que de seguro dejaran una huella imborrable en ti.
Para terminar el día…
Continuará…
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