Sólo tú, siempre tú.
Solamente tú, con tu forma de existir que parece distraída pero que lo observa todo. Eres la pausa en un mundo que no deja de correr. No eres un grito, no eres un ruido: eres ese susurro que llega directo al alma cuando el resto del mundo guarda silencio.
Me haces pensar en alguna de esas películas que compartimos donde el personaje principal no sabe que es el héroe. Así eres tú. Caminas como si no te dieras cuenta de cuánto cambias todo a tu alrededor. Sin esfuerzo, sin pretenderlo, simplemente siendo.
No voy a decir que eres perfecta, porque eso sería mentir. Tienes tus días grises, tus dudas, tus silencios, y creo que eso es lo que más me gusta de ti: que no intentas ser más de lo que ya eres. Aun así, siempre terminas siendo suficiente, siempre
terminas siendo más.
No sé si alguien más lo nota, pero hay algo en tu manera de mirar que da calma. Parece que tus ojos contaran historias por las que aún no me atrevo a preguntar. Seguramente ya nunca me las cuentes, y no imaginas cuánto duele sólo pensarlo, pero me basta con saber que, al final del día, estarás bien.
Eres mi persona favorita. No por todo lo que haces, sino por todo lo que eres, incluso en esos momentos en los que no haces nada.
Simplemente… sólo tú, siempre tú.
Continuará…
Deja un comentario