En toda historia de amor, hay capitulos en los cuales la felicidad es la protagonista, aunque también hay momentos de tristeza, de confusión, de angustia pero, además están esas páginas que con toda la fuerza del corazón quisieras modificar, escribir con tinta de sangre unas líneas diferentes a la realidad, al pensar en ello, se viene a mi mente, ese último abrazo que tuvimos a solas, daría lo que sea por estar en ese momento y decirme a mi mismo, «abrazala más fuerte, siente su calor y grábate su dulce aroma, disfruta más a detalle, las suaves curvas de sus labios, porque es posible que sea el último en mucho tiempo o quizá por siempre».
Y, ¿sabes?, por raro que pueda parecer, no estoy triste, es otro sentimiento que aún no alcanzo a describir y es que ¿cómo estarlo?, si a pesar de la lejanía que vas marcando sutilmente, sigues estando en mi mente, provocando esa sonrisa que en el algún momento dijiste que te gustaba, sigues propiciando esos sentimientos que sólo tú tienes el poder de crear en mi, veo tus fotos y siento como el amor me rodea, ilumina mi habitación y crea un universo en el que tú recuerdo reluce como estrellas en su máxima esencia…
Deseo tanto verte y cuando lo haga, espero verte sonriendo, no importa si no me notas, sólo quiero deleitarme con esa dulce sonrisa, de la cual me enamoré hace mucho tiempo…
Quizá deba dejar de escribir y sólo dedicarme a soñarte, a divagar en mi mente sobre cada línea que forma la bella historia que ya sólo habita en mi mente, vivir feliz, pensando en que durante un ratito de mi vida pude tenerte entre mis brazos, la lástima es que durante ese corto periodo fui incapaz de demostrarle la manera en que te amo, mi niña, mi hermosa niña, sólo te diré gracias, gracias por el tiempo que compartimos y por descubrirme un yo que no sabía que existía, ahora, gracias, incluso sin estar presente, estando tan sólo en mi mente y en el lugar mas bello de mi corazón.
Continuará…
Deja un comentario