204. A la vida

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Le pido a la vida… que me de la oportunidad de volver a amar, pero esta vez, que el deseo sea mutuo y no una simple casualidad, o más bien, que no sea eso que la gente acostumbra hacer con facilidad, llenar espacios vacíos que otros dejaron.

No, no quiero eso.

Yo pido algo completo y cuando digo completo, me refiero a una persona tan rota como yo, pero aún sensible y fuerte del corazón, tan valiente como para pelear por sus sueños, nuestros sueños, que no se acobardara al ver y sentir el amor, alguien que vea mi caos y no le importe ese volcán en erupción, ese mar inquieto, a veces frío como mi temperamento, o tan intenso como cuando sopla el viento, porque esa persona será capaz de ver más allá de una simple apariencia.

Pido una persona que le de valor a lo mínimo para volverlo grande, alguien que haya aprendido a amarse así mismo después de haber estado destrozado, alguien que se haya cosido uno a uno sus pedazos, quitando lo inservible para dejar lo sostenible.

Alguien que sea capaz de mirarse al espejo y aceptarse tal cual, trabajando en sí mismo por sus propios cambios, no para complacer a los demás y eso para mí es una persona completa, porque no busca salvación, ¡ella misma se ha salvado! Eso pido, porque ese es el proceso que yo estoy viviendo y me debo mantener día a día, así.

Y aunque soy sincero, pienso que jamás llegará, pues hoy en día el amor se volvió tan manoseado y desechable como papel higiénico, que se usa y se tira a la basura como cualquier cosa, con todo eso, sólo creo en mi mente vanas ilusiones, personajes en mis letras indecentes sin remitente; suspiro tanto a solas, que la luna a veces parece apiadarse de mis escritos e inspiraba mi teclado…

Y estoy seguro que llegará y lo hará en el momento justo en que la vida decida que teníamos que coincidir, abrazarnos, besarnos, tomarnos de la mano, reconocernos al fin…

Me he vuelto a enamorar del amor, ¡es lo único que puedo decir! Quiero volverme a enamorar de los detalles, de una salida al parque, de caminar en la calle hasta tarde, de un mensaje, una llamada inesperada, del «mi amor, a qué hora sales del trabajo, te espero con ansías», de esos detalles simples, que para mí son como hechizos, de una sonrisa con los ojitos brillosos que me dicen: «Óscar, eres magia».

Y sólo poder decirle, porque no encuentro más palabras:

¡Te amo, gracias por llegar a mi vida, cuando no esperaba nada…!

Continuará…

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