324. La voz del corazón…

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Estaba solo, como siempre, con una taza de café en la mano, mirando por la ventana, pensando en nada y en todo a la vez.

De repente, alguien me habló.

No fue un susurro, ni un grito, fue una voz clara, como si estuviera sentado frente a mí.

Era mi corazón quien me hablaba:

  • «La extraño», me dijo.

Yo quise ignorarlo, hacer como que no lo escuchaba, pero él no quiere guardar silencio:

  • ¿Y si hubieras hecho las cosas de forma diferente? ¿por qué no le enviaste un mensaje? ¿por qué no la llamaste?»
  • Cállate, por favor. No quiero recordar, no quiero volver a sentir que me falta algo, que me falta ella. Le contesté.

Pero él insistió, como siempre.

  • La extraño. Repitió y sentí cómo latía más fuerte, como si quisiera recordarme algo.

Entonces me mostró su risa, su forma de decir mi nombre, la forma en que me miraba aquellos momentos de noches largas, en los que no me importaba quedarme despierto hasta muy tarde, con tal de pasar tiempo a su lado.

Él no entendía, o no quería entender.

Seguía repitiendo:

  • La extraño, la extraño, la extraño…

Me apoye en la mesa, cerré los ojos, respiré hondo.

Y al final…

Aunque no quería, aunque luché contra ello… terminé con los ojos llorosos y el café frío.

Con un susurro casi roto respondí:

  • Yo también la extraño.

Continuará…

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