Lo más amable que puedo hacer por mi mismo es dejar que la gente se vaya cuando quiera, sin perseguir, sin suplicar. Dejar que duela y después, deja que sane.
He entendido que cuando se deja de forzar a la gente a que nos elija, le estoy haciendo sitio a personas que están hechas para mi.
Lo que fluye, fluye y lo que se estrella, se estrella.
El aferrarme a quienes no desean quedarse sólo prolonga el sufrimiento y me impide avanzar, esto no se trata de indiferencia sino de amor propio.
Debo comprender que algunas despedidas, aunque dolorosas, son necesarias y esto me ayudará a confiar en el proceso de la vida.
Aquellos que realmente me valoren no necesitaran que los convenza para quedarse.
Al soltar estoy abriendo espacios para nuevas relaciones, aquellas que llegan sin lucha ni resistencia.
Estoy mentalizado, dejar ir no es perder es ganar paz. Es darme la oportunidad de recibir lo que realmente merezco, debo confiar en que lo que sea para mi, encontrará su camino sin necesidad de forzarlo ni retenerlo.
Continuará…
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