“Déjame hablarte de ti, pero no de la forma en que el mundo suele hacerlo. No quiero decirte que eres hermosa, porque eso lo sabe cualquiera que te haya visto. Quiero hablarte de lo que sólo yo he descubierto: de la forma en que el silencio se llena de vida cuando estás cerca, del misterio en tu mirada que parece contener historias que aún no me has contado, y del eco de tu risa, que sigue resonando mucho después de que todo lo demás se haya apagado.
Amarte no es sólo una emoción; es un viaje. Un viaje hacia lo desconocido, donde cada paso que doy contigo revela algo nuevo, no sólo de ti, sino también de mí.
Contigo, he aprendido que el amor no se mide en gestos grandiosos, sino en los pequeños detalles que te hacen ser quien eres: en la manera en que mueves las manos al hablar, en cómo tu voz parece encontrar siempre la nota exacta para calmarme, en la luz que dejas atrás, como un faro que guía incluso cuando no estás cerca.
Siempre he pensado que el amor era un juego de azar, pero contigo sé que es una obra maestra, una que se pinta con cada mirada, cada palabra y cada silencio compartido. Tú no eres solo el pincel que da color a mi vida; eres el lienzo donde todo tiene sentido. Si alguien me preguntara qué significa la felicidad, no les hablaría de grandes momentos. Les diría que es verte al otro lado de la mesa, en medio de un día cualquiera, siendo simplemente tú.
Cuando pienso en ti, el mundo deja de ser un lugar común. Tus ojos son un mapa que me lleva a lugares que no sabía que existían, y tus manos, un refugio donde todo lo demás desaparece.
Hay algo en ti que trasciende el tiempo, como si tu esencia perteneciera a todas las épocas, a todos los universos posibles.
Si pudiera, te construiría un mundo hecho a tu medida, donde cada rincón reflejara algo de ti. Un lugar donde el viento llevara tu nombre, las estrellas fueran espejos de tus ojos y cada amanecer estuviera teñido de la calidez de tu piel. Entonces me doy cuenta de que ese mundo ya existe: está aquí, en cada momento que comparto contigo.
Déjame, entonces, que te diga esto con el aliento de mi vida entera: no sólo te amo; te elijo. Cada día, cada instante, incluso en los momentos de duda o tormenta porque no hay nada en este mundo que se compare con lo que siento cuando estoy a tu lado. Contigo, el amor no es un lugar al que se llega; es un camino que nunca quiero dejar de recorrer.
Y si alguna vez el mundo pareciera demasiado vasto, demasiado frío, recuerda esto: siempre habrá un rincón donde el universo se pliega sólo para nosotros. Ese rincón está aquí, en estas palabras, en este amor que no conoce límites.
Tuyo, no por casualidad, sino porque contigo entendí lo que significa pertenecer.”
Ya hace tiempo de esto pero sigue retumbando dentro de mi.
Continuará…
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