Y hoy… te prometo que no me lo esperaba por nada. Se suponía que no volveríamos a vernos hasta el fin de semana, me engañaste como a un niño ayer. Llegar a casa de mis padres (como se nota que te conocen desde chiquitita, ¡bonita!, te han bastado cuatro palabras para metértelos en el bolsillo) y que estuvieras esperándome acariciando a mi pobre Lobito, es una pena que lo conozcas ahora con lo poquito que parece que nos queda de disfrutarlo. Gracias por grabar esa postal en mi cabeza, me has roto los esquemas de una manera, no sé qué decirte que no te haya dicho ya esta tarde.
Por cierto, que con todo lo que había: el desfile, el ambiente… te hayas presentado allí a esperarme sin saber a qué hora podía llegar y después, hayas preferido que pasásemos la tarde juntos y a solas que todo eso, me habla muy bien de tus intenciones o preferencias.
Con lo difícil que estaba siendo todo los últimos meses… me has dado un impulso que no me esperaba, de verdad y voy a hacer lo posible por devolverte esta sorpresa, este gesto, lo prometo, de corazón.
Me ha impresionado lo fácil que me resulta hablar contigo, ahora mismo, esto me hace dudar entre: si es porque he mejorado considerablemente los problemas de comunicación que sufro desde hace años o que, realmente, estoy tan cómodo y nos conocemos desde hace tanto tiempo que consigo hablar sin “miedo” a ser juzgado, es posible que sea esto segundo pues mi cabeza aún recuerda como siendo pequeños te enfrentabas a los mayores cuando querían pegarme (ahora sé que con las niñas no se metían y eso te daba ventaja pero de pequeño no era consciente) y lo relaciono con que quieras protegerme y piense subconscientemente que nunca me harías daño.
De no ser porque nos conocemos desde hace una vida pensaría que eres de mentira, que esto es un plan que alguien ha urdido para que luego pase algo y destrozarme ya por completo.
Continuará…
Deja un comentario