406. Perdido

By

Estaba perdido en mis pensamientos, como siempre, dándole vueltas a todo, cuando de repente sentí que una presencia se acercó.

Era una presencia suave y familiar, que me susurró al oído:

– Ven, vamos a caminar.

No dudé. Sentí que debía seguirla.

No sé por qué, pero algo en ella me daba paz.

Caminamos juntos, pero algo no cuadraba, porque me llevaba a lugares que ya conocía, a esos rincones donde solía estar contigo.

Fuimos a caminar por aquel parque, luego pasamos por aquel sitio donde nos sentábamos a hablar por horas, donde reíamos sin importar el tiempo, donde compartíamos silencios cómplices.

Todo era tan familiar que un nudo comenzó a formarse en mi garganta.

Cada paso que daba, sentía tu ausencia más cerca, como si el silencio se llenara con el eco de tu risa.

De repente, ahí estabas, justo frente a mí, sonriendo como antes.

Extendí mi mano temblorosa para tocarte, para asegurarme de que eras real… pero no pude.

Mi mano atravesó tu silueta, como si nunca hubieras estado ahí.

Me giré rápidamente, buscando respuestas.

La presencia que me había guiado aún estaba a mi lado.

Me miró con una sonrisa serena y, en ese instante, lo entendí todo.

Era el recuerdo, que se había hecho presente por un momento.

Había venido a buscarme, a llevarme de vuelta a esos momentos donde tu risa aún resuena, aunque el eco sea solo mío.

A veces recordar es bonito, pero también cruel.

Te muestra esos momentos en los que eras feliz, pero no lo sabías, porque creías que siempre sería así.

Y ahora, aquí estoy, con el corazón apretado, recordando que, a veces, lo más dulce también duele.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario