Empiezo a pensar que no hay fechas al azar en nuestras vidas. Hay días que al despertarnos nos puede parecer que serán otro más cualquiera hasta que, sin previo aviso, se convierten en puntos de inflexión.
A mí, me ha pasado hace apenas cinco días, el domingo 2 de marzo para ser exactos y… bendito aquel día en que volví antes de un viaje que en principio ni iba a hacer pero que a la vuelta “prematura” del mismo, nos reencontramos, porque sin saberlo, es posible que haya marcado un antes y un después en mi historia, perdón, en nuestra historia.
Están siendo días bastante intensos y me encanta que así lo sean porque, realmente, me han venido muy bien, a pesar de seguir trabajando han sido como unas mini vacaciones, además, a tu lado, gracias.
Desde ese momento, todo cambió. No fue un encuentro más, sino que ha supuesto el inicio de algo que ni el tiempo ni la distancia ha podido evitar que ocurriese.
Tu presencia ha traído claridad donde antes había dudas, dolor y muchas lágrimas. Ha traído fortaleza donde había cansancio y, un propósito que no sabía que necesitaba.
Hay personas que llegan para sumar, pero tú… lo has multiplicado todo. Multiplicar momentos inolvidables, aprendizajes inesperados y razones para agradecer porque no se trata sólo de coincidir con alguien, sino de reconocer que esa persona es, en sí misma, un “puto” regalo.
Si alguna vez te preguntas qué impacto tienes en el mundo, en mi mundo, recuerda esto: en mi historia, te estás convirtiendo en ese capítulo que espero nunca dejar de releer.
Bendito aquel día. Bendita tú. Bendito todo lo que ha llegado después.
Continuará…
Deja un comentario