Estos últimos días están siendo todo un torbellino de emociones e ilusiones, parece que mi cabeza y mi corazón no quieren hacerse a la idea, no la aceptan aún, de cómo has entrado de nuevo en mi vida, rompiendo todos esos muros que había estado construyendo y alicatando desde hacía bastante tiempo.
En este enorme universo lleno de infinitas posibilidades, mi mayor suerte ha sido reencontrarte.
Parece que contigo he descubierto la pieza que faltaba en mi vida pues todo ha ido encajando a la perfección, tanto que creo que por eso tengo tanto miedo de tirar para adelante y que todo salga mal. Te estás convirtiendo en el motor que da sentido a mis días y la razón por la que llevo sonriendo toda la semana incluso en los momentos más difíciles. Has conseguido que todas esas preocupaciones que tenía en el trabajo sean sólo un pequeño problema pasajero y sin importancia.
Cada palabra tuya, cada caricia y cada instante que estamos compartiendo, me confirman que no necesito nada más mientras “caminemos juntos”. Quiero poder ser tu hogar, tu refugio, tu fuerza y que tú seas lo mismo para mi.
En estos días, no quiero admitirlo pero he comenzado a pensar de nuevo en crear, cuidar, soñar, y, sobre todo, crecer como equipo junto a ti como equipo.
No importa lo que el futuro nos depare; estoy seguro que trabajando juntos siempre habrá luz en nuestro camino.
Gracias por el apoyo que me estás brindando estos días, haberte convertido en mi confidente y la persona que poquito a poquito va dejando pedacitos de ella en mi corazón, espero que hasta que sea tuyo y que una vez lo sea por completo, decidas cuidarlo con cariño… como haré yo con el tuyo, si quieres y me dejas.
Y ahora, sin más, voy a recogerte para que vayamos a disfrutar de esa cena que nos hemos prometimos.
Continuará…
Deja un comentario