Aún tengo en la piel la sensación de esta noche perfecta que pasamos juntos. Fue una cita increíble, de esas que quedan grabadas en la memoria como un tesoro. Desde el momento en que te vi, supe que nada podría superar la belleza de la mujer que tenía delante. Ibas preciosa, con esa luz que solo tú tienes, con ese brillo en los ojos que me atrapa y me hace olvidar todo lo demás. Cada detalle en ti era sencillamente perfecto.
El restaurante fue el escenario ideal para nuestra noche. Un ambiente cálido, con luces tenues que parecían bailar al ritmo de nuestra conversación, una música suave de fondo que solo resaltaba la magia del momento y un aroma delicioso que anticipaba la cena espectacular que íbamos a disfrutar.
Y qué cena… Cada plato fue una explosión de sabores, pero nada en el mundo se compara con el placer de compartirlo contigo. Recuerdo la primera copa que chocamos con una sonrisa cómplice, la forma en que saboreamos cada bocado sin prisa, disfrutando del momento, de nuestra compañía, de la chispa que hay entre nosotros.
Pero lo mejor de la noche no fue la comida, ni el lugar, ni la música… lo mejor fuiste tú. Verte sonreír, escuchar tu risa, sentir tu mano cerca de la mía. Fue una noche perfecta porque estabas tú a mi lado, porque cada instante contigo es un regalo que valoro más que cualquier otra cosa.
Gracias por esta cita increíble, por cada mirada, cada palabra y cada sensación que aún me hace sonreír. Estoy contando los días para volver a tener otra noche así, para volver a perderme en tus ojos y disfrutar de cada momento juntos.
Te adoro.
Continuará…
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