Entiendo que la vida no se detiene, que lo que un día nos hizo felices puede volverse solo un recuerdo, que las promesas se desvanecen como cenizas al viento. Y aunque duela hasta lo más hondo, entiendo que hay momentos que no podemos retener, que hay personas que, por más que amemos, no están destinadas a quedarse.
Entiendo que las despedidas no siempre traen explicaciones, que el silencio puede ser más cruel que cualquier palabra y que algunas ausencias queman más que la peor de las presencias. Entiendo que tal vez nunca fue tu intención marcharte así, pero el tiempo nos empujó en direcciones opuestas hasta que, sin darnos cuenta, dejamos de buscarnos.
Entiendo que no siempre se puede pelear por lo que se ama, que hay heridas que debemos llevar en soledad y preguntas que nunca obtendrán respuesta. Que no me digas nada, no significa que no duela. Que no vuelvas, no significa que no te espere. Pero lo entiendo.
Entiendo que el amor no basta, que por mucho que arda en el pecho, hay distancias que no se acortan, hay caminos que nunca vuelven a cruzarse. Entiendo que elegiste un destino donde yo ya no tenía lugar, y aunque eso me parta en pedazos, entiendo que cada quien debe buscar su propia felicidad, aunque en ella no haya espacio para mí.
Entiendo que hay finales que llegan sin avisar, que hay personas que se convierten en extraños sin siquiera despedirse. Que tú cambiaste. Que yo me quedé. Que el eco de tu ausencia pesa más que cualquier palabra que pudieras decirme.
Y aunque mis manos sigan vacías de ti, aunque mi alma aún se aferre a un regreso imposible, aunque mis días se llenen de silencios que antes tenían tu voz…
No te preocupes. Yo entiendo. Siempre entiendo.
Continuará…
Deja un comentario