Hoy ha sido un día difícil. De esos en los que el silencio pesa demasiado y los pensamientos se vuelven un enemigo al que no sé cómo enfrentarme. Pero esta vez ha sido diferente. Esta vez, cuando más lo necesitaba, sonó el teléfono. Y ahí estabas tú.
Tu voz me devolvió a la calma. No con promesas vacías, no con palabras a medias que dejan más dudas que certezas. Sólo con sinceridad, con esa forma tan tuya de hacerme sentir que no estoy solo. Y me di cuenta de que, después de tanto tiempo, todavía hay personas que saben estar. Que no dudan, que no te sueltan cuando más las necesitas y que cuando tienes un problema, lo escuchan por más incómodo que resulte, que no te dejan en pausa hasta que deciden qué hacer contigo.
Esta última semana contigo ha sido un bálsamo. No sólo por lo que hemos recordado, sino por lo que podríamos estar empezando a construir. Has llegado cuando más lo necesitaba y, sin pedir permiso, has vuelto a ser parte de mi vida. Como el lunes, cuando decidiste aparecer en mi casa para sorprenderme y creando esa postal en la que te recuerdo acariciando la orejita a mi “pequeño” Lobito. Como el martes, cuando ya te esperaba. Viéndote con mis padres, con esa naturalidad que tienen quienes nunca han dejado de pertenecer a un sitio. Como si el tiempo no hubiera pasado, como si todo este vacío de años sin vernos jamás hubiera existido.
Y entonces entendí la diferencia. Cuando alguien quiere, lucha por que pueda darse, aunque canse, aunque sea muy difícil, mientras haya un sentimiento, hay una esperanza. Y lucha sin titubeos, sin asteriscos, sin condiciones. Sin jugar con lo que siente por ti ni ponerte en un rincón hasta que decida si mereces su atención.
No quiero apresurarme, no quiero prometer lo que aún no sé si puedo cumplir. Pero si algo tengo claro es que esto que está comenzando es real. Es honesto. Y no quiero perderlo.
Porque hay quienes te culparan por todo… y hay quienes llegan para recordarte lo que vales y lo que siempre mereciste.
Gracias por estar cuando tantos otros decidieron marcharse. No veo el momento de volver a abrazarte.
Continuará…
Deja un comentario