Por fin entendí que cuando alguien te quiere en su vida, no hay excusas, no hay dudas, no hay tiempos de espera injustificados. No hay migajas de atención, ni juegos de confusión, ni puertas entreabiertas. Si alguien te quiere de verdad, hará lo imposible para que te quedes.
Porque yo lo he intentado todo. Luché, esperé, me aferré a la mínima señal, a la más pequeña esperanza. Me acostumbré a conformarme con menos de lo que merecía, a justificar ausencias, a perdonar silencios que nunca debieron existir. Me aferré a la idea de que si yo daba lo mejor de mí, tarde o temprano recibiría lo mismo a cambio.
Pero no. No funciona así.
No importa cuánto ames a alguien si esa persona no está dispuesta a luchar contigo, si no te elige con la misma convicción con la que tú lo haces. Y eso es lo que al fin comprendí.
Porque hoy soy yo quien ha dejado de intentarlo. Hoy soy yo quien ya no está esperando.
Y mientras unos me soltaron sin mirar atrás, hay quien, por mí, está en ello. No con palabras vacías, no con gestos ambiguos, sino con hechos. Con presencia. Con intención.
Porque cuando alguien realmente te quiere en su vida, no te deja marchar. No te tiene esperando. No te hace dudar.
Simplemente, se queda.
Continuará…
Deja un comentario