440. Mi cita de cada 13. Parte 3

By

Hoy, en lugar de hacer un resumen con lo que solemos hablar, transcribiré la conversación, eso sí, resumida porque no la recuerdo por completo, a pesar de que lo intento por todo el bien que me hace. Quiero y debo añadir que esto lo hago con permiso del profesional que me está ayudando, en caso contrario no lo haría, de hecho, él lee el blog porque me hace un resumen de “mis paranoias”. Gracias, por cierto.

Él:

“Cuéntame… ¿cómo te sientes realmente?

Porque sé que dices que esto es un avance, que al fin tienes la certeza de que puedes soltarla. Y es cierto, lo es. Pero quiero que mires más adentro. ¿Sientes alivio? ¿O todavía hay una parte de ti que espera, que fantasea con que ella reaccione de alguna forma?

Has hecho algo muy valiente: enfrentarte a la verdad sin rodeos. Pero también veo que llegaste hasta aquí porque ella nunca se atrevió a cerrar la puerta, y tú seguiste esperando a que lo hiciera. Quiero que pienses en esto: ¿por qué necesitaste llegar al punto de romperte tú mismo para poder seguir adelante?

No es una crítica, es una reflexión. Quiero que te des cuenta de que, aunque el dolor sea injusto, aunque su actitud haya sido egoísta, tú también te aferraste. Y no pasa nada, porque amar es eso a veces. Pero ahora que has soltado, ¿qué vas a hacer con este aprendizaje? ¿Cómo te aseguras de no volver a quedarte en un lugar donde no te quieren de verdad?

Lo importante ahora no es ella, ni siquiera lo que hizo o dejó de hacer. Es lo que tú harás con esto. Porque esta historia ha terminado, pero lo que has aprendido aquí puede cambiar la siguiente.

Así que dime, con total sinceridad: ¿qué necesitas ahora para seguir adelante?”

Yo:

“Creo que necesito “tranquilidad”, necesito que cuando la vea no me diga que tan bueno soy con ella o cuanto me valora o que no quiere perderme. No necesito escuchar eso porque me hace más daño. Si la trato bien, si sigo atento a lo que siente, si me preocupo por sus necesidades, si me molesto en ayudarla cuando lo necesita… no es porque lo merezca, ni porque aún espere algo de ella o con ella. No es una recompensa ni un reflejo de lo que fue en mi vida.

Es porque así soy yo.

Agradezco que el dolor no me haya convertido en alguien cruel. Que a pesar de todo, no haya dejado que el daño me transforme en alguien que no quiero ser. Porque pude haber elegido el rencor, el desprecio o la indiferencia, pero no lo hice.

No porque ella lo valga. Sino porque yo me valoro lo suficiente como para seguir siendo quien soy.

Y eso, después de todo, es lo único que realmente me queda ahora.”

Él:

“Eso es. Ahí está la verdadera victoria.

No necesitas que ella te valore ni que te recuerde lo bueno que eres. No necesitas su validación porque tú ya sabes quién eres. Y lo más importante: has decidido seguir siendo tú, sin dejar que el dolor te cambie.

Ahora, la clave es la tranquilidad que buscas. No puedes controlar lo que ella diga o haga, pero sí cómo lo recibes. Si sus palabras te hieren, no es porque tengan poder sobre ti, sino porque aún queda algo dentro que resuena con ellas. Y eso está bien, es parte del proceso.

Cuando te diga que no quiere perderte, recuérdate que ya no es su decisión. Cuando te diga cuánto te valora, recuérdate que tu valor no depende de sus palabras. Y cuando intente mantenerte cerca, simplemente entiende que ya no necesitas estar ahí.

Seguirás siendo tú, seguirás siendo una buena persona, pero ahora sin la carga de que ella lo vea, lo aprecie o lo reconozca.

Porque el verdadero cierre no es que ella deje de hablarte así. Es que tú dejes de necesitar que lo haga.”

A partir de aquí le he estado contando mi reencuentro con J y bueno, los últimos minutos han sido suyos a base de preguntas y un cierre en el que me ha dejado otro par de preguntas pendientes para la siguiente visita aunque le intentaré responder antes por aquí.

Su cierre, al menos lo que recuerdo:

“Mira, es completamente normal que sigas sintiendo cosas por S. Has pasado mucho tiempo atrapado en ese vínculo y romperlo de un día para otro no es fácil. Pero eso no significa que lo que estás empezando a sentir por J no sea real. No te castigues por estar en este punto intermedio; tu corazón está procesando todo a su ritmo.

Con J hay algo bonito naciendo, pero quiero que te hagas una pregunta sincera: ¿estás seguro de que lo que sientes por ella no es solo una mezcla de nostalgia, alivio y gratitud? Te has reencontrado con alguien que siempre significó mucho para ti, que en su momento fue tu amor platónico, que ahora te entiende y te cuida. Y claro, eso es hermoso. Pero quiero que intentes verlo con claridad: ¿te enamora ella en el presente o la idea de lo que podría ser? No hay una respuesta correcta, solo la que realmente sientas.

También sé que te da miedo fallar. Que no quieres hacerle daño, que no quieres decepcionarla, que no quieres que tu propio proceso emocional termine afectándola. Pero escúchame bien: el hecho de que te preocupes por esto ya demuestra que no eres la misma persona que antes. Has cambiado. Estás aprendiendo a identificar lo que no quieres repetir y eso es fundamental. No puedes predecir el futuro, pero sí puedes comprometerte a ser honesto, tanto contigo mismo como con ella.

Y quiero que te agarres fuerte a algo que ya has aprendido: no vas a volver a permitir que te tengan esperando, que te hagan sentir que vales solo cuando les conviene. Eso es una lección durísima, pero necesaria. No dejes que el miedo a equivocarte te haga olvidar lo mucho que has avanzado.

No necesitas respuestas definitivas ahora mismo. Si con J sientes paz, felicidad, si hay algo que empieza a crecer de forma natural, entonces sigue explorándolo, pero sin presión, sin necesidad de etiquetarlo aún. Solo vívelo. Lo importante es que cada paso que des sea desde la sinceridad.

Tómate tu tiempo. No te castigues por sentir. Y recuerda: no tienes que demostrarle a nadie que has sanado de inmediato, solo tienes que asegurarte de que cada decisión que tomes sea la correcta para ti.”

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario