A veces, el mayor dolor no viene de los fracasos, sino de la sensación de haber retrocedido después de haber avanzado tanto. Nos esforzamos, luchamos, crecemos, creemos que hemos dejado atrás lo que nos lastimaba. Y, por un momento, sentimos que lo peor ha quedado en el pasado. Pero entonces, en un instante, en una mirada, en una palabra, en un recuerdo inesperado, nos damos cuenta de que aún hay algo dentro de nosotros que no ha terminado de soltarse.
Y ahí es cuando llega la frustración. ”¿Cómo es posible que después de todo lo que he trabajado, después de todo lo que he aprendido, después de todo lo que he sufrido… siga doliendo?” Sentimos que hemos fallado, que no estamos tan lejos de lo que pensábamos, que el avance no ha sido real. Pero eso es solo una trampa de la mente. Porque el camino hacia el bienestar nunca es lineal. Los retrocesos no significan que no has avanzado, sino que sigues en el proceso de sanación.
He aprendido, con dolor, que no basta con querer soltar. Que la cabeza puede entenderlo antes que el corazón, que la claridad no siempre llega al mismo ritmo que la paz. Que el eco de lo que fue sigue resonando a veces, aunque sepamos que ya no nos pertenece. Pero también he aprendido que eso no significa que no estemos avanzando.
Cada caída, cada pensamiento que nos hace dudar, cada momento en el que parece que volvemos a estar en el punto de partida… en realidad son solo pruebas de que seguimos luchando. Porque la verdadera clave no está en nunca caer, sino en cómo nos levantamos después de cada tropiezo. En cómo elegimos no rendirnos. En cómo seguimos eligiéndonos a nosotros mismos, una y otra vez, incluso en los días difíciles.
Si hoy duele, si hoy parece que todo lo trabajado no ha servido de nada, si hoy la herida parece estar más abierta que ayer… respira. No estás en el mismo lugar. No eres la misma persona. Cada batalla que has librado, cada lágrima que has derramado, cada paso que has dado, ha ido construyendo a la persona que eres ahora. Y aunque aún no lo sientas completamente, aunque el dolor todavía aparezca de vez en cuando, la mejor versión de ti sigue naciendo, sigue fortaleciéndose, sigue demostrando que es capaz de avanzar.
Caer no significa fracasar. Significa que el proceso sigue su curso. Y mientras sigas levantándote, seguirás ganando.
Continuará…
Deja un comentario