Hace apenas un rato que te has ido y ya empiezo a sentir ese vacío que dejas cuando no estás. No importa cuánto tiempo pasemos juntos, nunca parece suficiente. Cada momento a tu lado fluye con tanta naturalidad que a veces me cuesta creer que apenas llevamos unas semanas reencontrándonos. Es como si siempre hubieras estado aquí cuidando de mi desde las sombras, como si nuestra historia hubiera empezado hace toda una vida.
Hoy fue un día tranquilo, de esos en los que no pasa nada extraordinario y, sin embargo, se sienten perfectos. Un día más contigo, un día más en el que todo parece fácil, en el que la rutina se convierte en un regalo sólo porque tú estás en ella. Pero ahora que te has ido, el silencio pesa un poco más, y sé que los días sin verte van a hacerse largos.
Pero también sé que la espera tendrá su recompensa. El jueves, en cuanto salga de trabajar, estaré en camino. Y cuando te vea, cuando vuelvas a estar frente a mí, cuando nos volvamos a abrazar, todo este tiempo sin ti habrá sido sólo un suspiro.
Nos espera un viaje, nos esperan días solo para nosotros, para seguir descubriéndonos, para que te muestre este “proyecto” (que comencé con un motivo distinto al que tiene ahora, pues ahora me está enseñando a descubrir como soy y a darme la confianza suficiente para poder expresar todo esto que llevo dentro), para seguir sumando momentos que nos recuerden por qué la vida nos volvió a cruzar. Porque sí, hablamos mucho, nos contamos mil cosas, compartimos pedazos de nuestras vidas que nos han traído hasta aquí. Pero aún hay tanto por decir, tanto por sentir, tanto por vivir… juntos.
Así que cierra los ojos, respira hondo y cuando los abras, ya estaremos a un paso de nuestra siguiente experiencia. Porque no importa cuánto tiempo pasemos separados, lo importante es que siempre nos volvemos a encontrar, a vivir cosas nuevas al lado.
Descansa, mi niña. Nos vemos en un suspiro.
Continuará…
Deja un comentario