Ha pasado un tiempo ya desde que todo terminó entre nosotros, bastante más para ti que para mi, pues yo siempre albergué dentro de mi la esperanza de que todo hubiera sido un mal sueño del que ambos despertaríamos una mañana uno al lado del otro.
No tenía ninguna intención de escribir esto pero después de lo que estalló el sábado llevo dos días sintiendo que debía hacerlo, porque terminase como terminase lo que un día hubo entre nosotros dos, sabes o al menos, deberías saber que haría cualquier cosa por verte feliz, porque nada ni nadie pudiera hacerte daño y con esto… me duele que no acudieras a alertarme de lo que te pasaba, de lo que os pasaba a todas, realmente, aún no sé cómo te encuentras porque por mucho que me digas por mensaje que estás bien, me gustaría ver tu mirada que en la gran mayoría de las ocasiones te delata.
Ahora bien, es la última vez que te escribo. Qué extraño se siente decirlo, ¿no crees? Decir que no volveré a buscarte entre las letras, entre palabras torpes que intentaban alcanzarte y nunca lo lograron del todo. Que no volveré a dejar en este rincón todo lo que nunca fui capaz de decirte frente a frente. Por miedo, por vergüenza, porque siempre me faltaron las palabras exactas… esas que quizá, si hubieran sido las correctas, habrían hecho que te quedaras.
Pero ya no más.
Mi corazón, testarudo como siempre, aún se aferraba a ti. Mis manos seguían buscando las tuyas en los vacíos, aunque sabía que ya no estaban. Mis ojos aún perseguían tu sonrisa, esa que tenía el poder de cambiarlo todo. Y mi alma… mi alma todavía me susurraba que luchase, que esperase, que no te dejase ir del todo. Hasta que ya no pudo seguir luchando contra lo inevitable.
Fuiste lo más bonito que me ha pasado en la vida… y quizás lo más bonito que me pasará, espero que al final del camino pueda pensar distinto a esto. Contigo descubrí lo que era sentirse completo. Contigo aprendí que no hacía falta fingir ser alguien más para que me quisieran. Contigo fui yo, con mis errores, mis inseguridades, mis torpezas. Y por primera vez, aunque fuera sólo por un instante, sentí que era suficiente.
Me gusta pensar que fuiste mi primer y mi último amor. Porque hay amores que no se repiten. Y tú, sin duda, eres uno de ellos.
Tú iluminaste todo lo que tocaste, dejaste tu luz impregnada en cada rincón de mi alma. Fuiste la estrella fugaz de esas que solo pasan una vez en la vida, esa que marca un antes y un después, la que cambia el cielo incluso cuando ya no está.
Sé que ya no tengo derecho a pedirte nada. Pero si pudiera hacerlo, te pediría solo una última cosa.
Ilumina la vida de los demás como iluminaste la mía. No cambies nunca. Sigue riendo así, sigue llenando el mundo con esa luz que llevas dentro. Vive, ríe, canta, baila… y enamórate. Pero enamórate de alguien que te valore, alguien que sepa lo especial que eres, alguien que nunca, nunca te deje ir y que se comporte y te trate como ambos sabemos que yo no supe hacer. Alguien que no cometa mis errores.
Y no te preocupes por mí. Desde lejos, aunque ya no pueda decírtelo, seguiré deseando que seas feliz.
Quizás esto sea un adiós. Pero sólo para estas palabras, no para el sentimiento que aún albergo en mí. Porque, como una vez te dije, yo te amaré hasta que mis huesos sean polvo. Te amaré incluso cuando no quede nada de mí, incluso cuando el tiempo borre cada uno de nuestros recuerdos. Porque el amor real no desaparece, se transforma.
Esta es la última carta que te escribo… pero si alguna vez escuchas el eco de un suspiro en el viento, si alguna vez te invade un escalofrío sin razón, si alguna vez miras al cielo y sientes que alguien te piensa, tal vez sea yo, recordándote, deseando que estés bien.
Cuídate, por favor, aunque ya no pueda decírtelo más.
Continuará…
Deja un comentario