Te quiero de maneras que escapan a las palabras, de formas tan sutiles y profundas que a veces ni yo mismo las entiendo por completo. No sé cómo nombrarlo, ni quiero apresurarme a hacerlo, solo sé que está ahí, creciendo en cada instante compartido contigo.
Te quiero en los momentos más inesperados, cuando la rutina sigue su curso, pero algo en mi interior se detiene solo para pensarte. Cuando voy por la calle y un detalle insignificante me recuerda a ti, cuando escucho una canción que no tiene nada que ver con nosotros, pero de alguna manera te trae a mi mente.
Te quiero en los detalles más pequeños, en esos gestos cotidianos que quizás ni tú misma notas, pero que para mí significan el mundo. Como cuando te muerdes el labio al concentrarte, cuando te pasas la mano por el cabello sin darte cuenta o cuando tu risa ilumina todo a su alrededor.
Te quiero en el silencio de la madrugada, cuando el mundo duerme, pero mi mente se despierta solo para traerte de vuelta. Para recordar el sonido de tu voz, el calor de un abrazo, la paz de saber que estás ahí.
Te quiero en la primera luz del día, cuando el sol apenas asoma en el horizonte y me pregunto si, bajo el mismo cielo, en otro lugar, tú también estarás pensando en mí.
Te quiero en la brisa que acaricia mi rostro, en el aroma de un café recién hecho, en la melodía de una canción que sin previo aviso me transporta a cualquier momento que hayamos compartido.
Te quiero en la distancia, cuando cuento las horas para volver a verte, para acortar los kilómetros que nos separan y perderme en la tranquilidad de un abrazo tuyo.
Te quiero en la cercanía, cuando tengo el privilegio de mirarte a los ojos y descubrir en ellos una calma que jamás había sentido. Cuando tu risa resuena como la mejor de las melodías y tu voz tiene el poder de hacerme olvidar cualquier tormenta.
Te quiero en los días grises, cuando todo parece pesar un poco más, pero tu simple recuerdo me devuelve la calma.
Te quiero en los días de sol, cuando la vida brilla con más intensidad y todo tiene más sentido, simplemente porque tú existes.
Te quiero en las tormentas, cuando nada parece claro, pero tú te conviertes en mi refugio. En la certeza de que, pase lo que pase, no caminaré solo.
Te quiero en los momentos simples, en una mirada, en un roce de manos, en esas palabras que no hacen falta porque el silencio a tu lado ya dice suficiente.
Te quiero sin prisa, sin condiciones, sin presiones ni exigencias. Sin el peso de las expectativas ni la necesidad de promesas apresuradas.
Te quiero con el alma, con cada latido, con cada pensamiento que me lleva hasta ti. Y aunque el mundo gire, aunque la vida nos lleve por caminos que aún desconocemos, sé que siempre habrá un rincón en mí donde este sentimiento permanecerá intacto.
Porque te quiero no solo por lo que eres, sino por lo que me haces sentir cuando estoy contigo.
Continuará…
Deja un comentario