Encontré unos ojos que veían más allá de la piel, que no se quedaron en la superficie ni en lo que mostraba de mí al mundo. Unos ojos que supieron ver lo que otros ignoraron, que descubrieron lo que incluso yo había olvidado de mí mismo.
Y decidí quedarme ahí a vivir.
Porque en tu mirada encontré algo que no había conocido antes: la paz de ser visto sin miedo, la certeza de que no tengo que fingir ser más de lo que soy para merecer estar aquí.
Me miraste sin exigencias, sin juicios, sin la necesidad de que fuera perfecto. No intentaste moldearme ni cambiarme, simplemente me aceptaste. Y eso, que parece tan sencillo, ha sido lo más grande que alguien ha hecho por mí.
En tus ojos entendí que el amor no es una lucha constante por probar que merecemos quedarnos, sino la tranquilidad de saber que alguien nos elige cada día, sin presiones ni condiciones.
Y aquí estoy, sin querer ni poder apartarme. Porque en tu mirada encontré un hogar, uno que no tiene paredes ni puertas, pero que me protege más que cualquier refugio.
No sé a dónde nos llevará este camino, pero sé que mientras pueda mirarte a los ojos, mientras en ellos siga viendo ese brillo que me devuelve la paz, no querré estar en ningún otro lugar.
Porque en este mundo caótico, lleno de incertidumbres, he encontrado un lugar seguro en ti.
Y no hay otro sitio donde prefiera estar.
Continuará…
Deja un comentario