No sé dónde nos llevará esta escapada, pero hay algo que tengo muy claro: el destino no es lo que más importa, sino con quién lo compartes y de eso me has hecho darme cuenta tú, por este tipo de cosas me estás robando poco a poco el corazón.
Desde el lunes llevo arrastrando este dolor que ha estado marcando mi semana, no solo físicamente, sino también en mi cabeza. Me frustraba la idea de que nuestra primera escapada juntos no fuera como la habíamos imaginado, de que no pudiera disfrutarla al máximo, de que, de alguna manera, ya la estuviera arruinando antes de empezar.
Pero llegué a tu casa y, como siempre, ya estabas un paso por delante de mí.
No hizo falta que dijeras mucho, porque tus ojos ya me lo habían dicho todo antes siquiera de abrir la boca. Habías cambiado los planes, ajustado la ruta, buscado una solución sin que yo tuviera que pedírtelo. Sin que me sintiera una carga, sin que la ilusión de este viaje se desvaneciera.
Y lo hiciste con esa naturalidad que tienes, con esa facilidad con la que siempre logras hacerme sentir que todo está bien, que no pasa nada, que lo importante no es lo que hagamos, sino que lo hagamos juntos.
Gracias por eso. Por hacerme ver lo esencial cuando me pierdo en lo innecesario.
Gracias por recordarme que no necesito demostrarte nada para que esto siga siendo bonito.
Gracias por hacer que todo sea tan fácil, tan ligero, tan natural.
Gracias por ser tú, por estar ahí, por hacerme sentir que no hay problema lo suficientemente grande si estamos juntos.
Porque este viaje, aunque cambie de rumbo, aunque no tenga rutas ni planes prefijados, ya es perfecto.
Porque el destino no importa, solo importa contigo.
Continuará…
Deja un comentario