Sólo quería desearte un día tan bonito como la noche que hemos compartido. Aún conservo en la piel el calor de la chimenea, pero sobre todo el de tu abrazo, ese que no necesita palabras para hacerme sentir que todo está en calma, que todo está bien.
Después de esa cena tan especial, compartir una película contigo fue el broche perfecto. No por la historia que veíamos en la pantalla, sino por la nuestra, esa que estamos escribiendo sin prisa, solo con gestos, miradas, silencios que hablan más que mil palabras… Estar así, contigo, simplemente sintiéndonos, fue más que suficiente. Fue mágico.
Dormirme a tu lado y despertarme sabiendo que estás cerca, que compartimos este espacio y este momento, me hace sentir una paz que no sabía que existía. Gracias por tanto, por este despertar suave, por este presente que me acaricia el alma.
Dulces sueños fueron los de anoche… pero más dulce aún es saber que sigues aquí. Te adoro.
Continuará…
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