471. La sorpresa que no esperaba

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Pensaba que el fin de semana llegaba a su fin. Que tras tantas emociones, conversaciones, miradas y silencios compartidos, lo siguiente sería la vuelta a la rutina, al día a día… pero me equivocaba. Y, por suerte, me equivocaba mucho.

La mañana comenzó con pocas horas de sueño, pero con el corazón latiendo a mil por todo lo que estoy sintiendo. Salí a dar un paseo para ordenar las ideas y dejar que el aire me despejara. Mientras andaba, J se despertó y me escribió. Cuando llegué, ya me esperaba con un desayuno improvisado y una sonrisa que lo cambia todo.

Y fue entonces cuando sentí que algo comenzaba a dolerme: la despedida inminente. Yo con cara de nostalgia anticipada, y ella con una alegría que no entendía… hasta que se lo pregunté. Su respuesta fue tan simple como poderosa: “Porque cada minuto que compartes conmigo es una alegría, no tengo motivo para entristecerme cuando estás cerca.

No pude decir nada más. Recogimos, emprendimos el viaje de vuelta, comimos en su casa con sus padres, y cuando llegó el momento de despedirnos… me descolocó por completo. Porque una vez abajo y después de un último beso en el que se me asomó una lágrima, dijo que se había olvidado algo y subió… y bajó con otra maleta. Con su portátil. Con la noticia: Esta semana la pasa conmigo.

Sí, ha movido cielo y tierra para poder venirse al pueblo esta semana. Porque no quería que me volviera solo al pueblo, que no tuviera mis dos horas largas de camino sobre pensar, cargado con recuerdos y emociones. Porque quiere estar. Y lo ha demostrado con hechos. Una vez más.

Así que esta historia de fin de semana, no se termina hoy. Esta noche volvemos a dormir juntos, a abrazarnos fuerte. Y ahora toca apagar todo un rato y disfrutar de esta sorpresa que me ha regalado. ¡Hasta mañana mundo!

Gracias, J. Por convertir lo inesperado en hogar.

Continuará…

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