Hoy me he despertado con una canción en la cabeza. No sé muy bien cómo llegó, si fue casualidad o si llevaba días esperando el momento oportuno para sonar con fuerza dentro de mí. Pero lo ha hecho. Y no solo ha sonado… ha resonado. En cada palabra. En cada verso. En cada golpe de verdad. Y me ha empujado a escribir, porque algo en mí se ha removido y ha querido dejar constancia.
La canción es “Un nuevo yo despierta”, de El Chojín. Y no creo que exista mejor título para definir lo que siento. Porque sí, un nuevo yo ha comenzado a despertar. Uno que sigue con dudas, sí, pero que ya no se deja dominar por ellas. Uno que ha aprendido que la capacidad de avanzar no se mide por los días en que todo sale bien, sino por cómo te levantas cuando todo parece torcido.
Durante mucho tiempo dudé de mí porque me dejé llevar por las voces externas. Porque pensé que los demás sabían más que yo sobre mí mismo. Qué paradoja. Les di ese poder sin darme cuenta. Y poco a poco, como quien no quiere la cosa, fui reduciendo mi valor a las migajas de aprobación que me ofrecían. Hasta que me miré en el espejo y no supe quién era. Hasta que me rompí. Hasta que el dolor se convirtió en una carga tan constante que dejé de notarlo y lo confundí con parte de mí.
Pero ya no. Hoy he entendido que no hay que esperar a que llegue la felicidad como si fuera un premio. No. Hay que construirla, buscarla, pelearla. No afuera. Dentro. Desde ahora. Desde aquí. Desde lo que soy.
Y lo que soy hoy es alguien que ha empezado a quererse sin necesidad de validación, sin necesidad de encajar en moldes que no me pertenecen. Soy alguien que, aunque sigue cayendo, se levanta con más fuerza. Que se ha cansado de callar lo que siente por miedo, y que ahora escribe como forma de sanar. Que ha decidido que no va a esperar más a la vida ideal, sino que va a salir a buscarla. Que se ha cansado de esconderse detrás del “no soy suficiente” para empezar a decirse “estoy en ello, estoy creciendo”.
Sé que mi camino no será perfecto. Sé que todavía habrá túneles. Que algunas noches seguirán siendo oscuras y que habrá momentos en los que todo parezca volver a tambalearse. Pero también sé que tengo luz. Que hay gente buena a mi lado. Que ya no estoy solo. Que J está caminando conmigo sin exigencias, sin presiones, sin condiciones. Solo con su presencia, su ternura y su apoyo. Y eso también es parte de esta transformación.
El viejo yo ya no me representa. Me quedó pequeño. Me limitaba. Era necesario dejarlo ir, con todo el respeto que merece, porque gracias a él hoy soy este que escribe. Pero no volveré. Porque ya no hay vuelta atrás cuando uno empieza a despertar.
Gracias a quien se quede leyéndome, a quien se sienta reflejado, a quien haya tenido que tocar fondo para comenzar a subir. No estás solo. Nos estamos encontrando en el camino.
Un nuevo yo despierta.
Y lo hace para quedarse.
Continuará…
Deja un comentario