481. Cuando el corazón por fin entiende

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El corazón es un necio.

Se aferra con fuerza a lo que quiere, aunque no lo abracen de vuelta. No pregunta si es bien recibido, no mide el daño que hace esperar por lo que no llega. Se agarra a migajas como si fueran manjares. A gestos fugaces que quizás no significaban lo que yo creía. Lo alimenta la esperanza… una esperanza terca y ciega que me mantuvo esperando respuestas que nunca iban a llegar.

Y sí, el tonto fui yo.

Pero no por amar. Amar nunca es un error. El error fue quedarme en una historia que sólo existía en mi cabeza. Contarme un cuento donde, si era paciente, si demostraba lo suficiente, si hacía las cosas bien… algún día encontraríamos el mismo camino.

Pero no.

La realidad no funciona así. Vi las señales. Por supuesto que las vi. Pero las interpreté como quise. Me aferré a lo bonito, aunque fuera escaso. A las palabras dulces, aunque fueran puntuales. A los silencios… convenciéndome de que en ellos también había amor. Fui tonto por creer que el amor se gana a base de insistencia. Que si esperas lo suficiente, si te esfuerzas más, si te conviertes en todo lo que la otra persona necesita… un día te querrá como tú la quieres.

Pero no.

No se trata de luchar, ni de merecer. El amor, cuando es real, simplemente fluye. Y cuando no, no hay nada que pueda forzarlo.

Tardé en aceptarlo.

Me convencí de que tal vez era el momento. Que si esperaba un poco más, si me quedaba cerca, si no soltaba… algo cambiaría.

Pero el tiempo no crea sentimientos.

El cariño no se impone. El amor no se pide. Soltar duele. Duele aceptar que estuve caminando solo por un sendero que creía compartido. Duele darte cuenta de que nunca hubo promesas, solo ilusiones. Que lo que sentía, lo sentía yo… y solo yo.

Pero llega un momento.

No de golpe, no con estruendo. Llega en forma de calma. De resignación serena. De paz.

Un día simplemente…

La ausencia ya no pesa igual. Ya no buscas excusas para volver a mirar atrás. Ya no te inventas escenarios futuros donde todo encaja.

Solo lo aceptas.

No porque hayas dejado de sentir de la noche a la mañana. No porque el cariño desaparezca. Sino porque entiendes que no puedes seguir esperando eternamente por algo que nunca estuvo.

Hoy, mi corazón por fin lo entiende.

Entiende que no fue culpa de nadie. Que a veces simplemente las cosas no son. Y ya está. Entiende que insistir no cambia sentimientos. Que merezco más que vivir esperando. Y por primera vez en mucho tiempo… siento que puedo seguir. Sin la sombra de lo que nunca fue y con los ojos hacia adelante.

Y el alma… al fin, en paz.

Continuará…

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