Me mostraste tu magia… y ahora, ¿cómo esperas que no te pida más trucos?
¿Cómo pretendes que me conforme con solo mirarte, si cada vez que te acercas el mundo parece detenerse, como si incluso el tiempo supiera que hay cosas más importantes que seguir corriendo?
¿Cómo me voy a quedar quieto si cada gesto tuyo convierte lo cotidiano en extraordinario?
Porque eso eres tú…
La calma cuando todo duele.
La chispa cuando todo parece gris.
La risa que suena justo cuando mi cabeza empieza a llenarse de ruido.
La magia que nunca supe que necesitaba… hasta que llegó.
No es que idealice, no. Sé perfectamente que esto es real. Lo vivo, lo respiro, lo toco. Lo veo en cómo me hablas, en cómo me escuchas, en cómo me das la mano cuando más lo necesito, sin hacer preguntas, sin exigencias, sin presión.
Tu magia no está en lo imposible, sino en hacer posible que alguien como yo vuelva a creer en lo bonito. En lo sencillo. En lo verdadero.
Y claro que quiero más…
Más de tus mañanas con café compartido.
Más de tus silencios llenos de sentido.
Más de tus ideas locas y tus planes sin plan.
Más de tus abrazos que me colocan las piezas.
Más de ti.
Porque contigo, incluso el caos tiene ritmo.
Porque contigo, hasta lo que dolía, ahora sana.
Porque contigo, la vida —por fin— tiene poesía.
Y no me da miedo pedirlo.
No me da miedo querer más.
Porque por primera vez, querer más no significa exigir ni esperar…
Significa simplemente abrir los brazos y dejar que la magia haga su trabajo.
Contigo, todo se transforma.
Y yo también.
Continuará…
Deja un comentario