484. Otro destino

By

Te cruzaste en mi camino… y olvidé a dónde iba.

Así, sin previo aviso, sin planes previos, sin necesidad de promesas ni señales.

Tu presencia fue suficiente para hacerme detener, mirar a mi alrededor… y darme cuenta de que estaba caminando hacia un lugar al que, en realidad, nunca debí dirigirme.

Yo creía saber hacia dónde iba.

Lo defendía, incluso.

Pero por dentro, estaba perdido. Sin rumbo.

Aferrado a un destino que, aunque dolía, me era familiar.

Un lugar al que me dirigía empujado por la costumbre, por la esperanza ciega, por no saber soltar lo que un día creí que era amor.

Y entonces llegaste tú.

No me salvaste, no me guiaste, no me tomaste de la mano sin permiso.

Lo que hiciste fue aún más valioso: me mostraste que había otro camino. Uno nuevo. Uno amable. Uno donde sí era bienvenido, donde no tenía que convencer a nadie de mi valor ni esconder mis heridas para merecer amor.

Me ofreciste un destino distinto.

Uno al que no tenía que llegar arrastrándome, sino caminando a tu lado.

Un lugar en el que no se me exigía ser perfecto, sino sincero.

Donde no se pedían pruebas, sino verdades.

Y fui yo quien, por primera vez en mucho tiempo, decidió cambiar de rumbo.

No porque huyera de lo anterior, sino porque contigo comprendí que merezco ir hacia donde me quieran de verdad.

Donde mi presencia no sea un sacrificio, sino una alegría.

Gracias por aparecer cuando más lo necesitaba, aunque no lo supiera.

Gracias por no imponer, por no exigir, por no reclamar.

Gracias por mostrarme que existen destinos que sí están hechos para mí.

Porque ahora lo sé:

Estaba perdido.

Y, sin pretenderlo, tú fuiste brújula.

Tú fuiste hogar.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario