Si Anubis representa mi pasado, mis sombras y mis duelos, Horus es todo lo que quiero construir a partir de ahora. Es mi decisión de volar, de alzar la vista por encima de las ruinas y no quedarme anclado a lo que fue. Es el símbolo de mi renacimiento.


Horus, el dios con cabeza de halcón, es la mirada clara y vigilante que ya no baja la cabeza por miedo, culpa o tristeza. Es el hijo que vengó a su padre, el que se enfrentó a la injusticia y recuperó su trono. Pero en mi caso, no se trata de venganza, sino de reparación. No quiero recuperar un trono perdido. Quiero construir uno nuevo, con otras bases, con otros valores, con alguien que me tome de la mano y vuele conmigo.
Este tatuaje representa la reconstrucción. Después del dolor, después del abandono, después del silencio. Es el compromiso de no volver a permitir que el miedo me impida sentir, hablar, o mostrarme tal cual soy. Es la promesa de seguir sanando, de seguir creciendo y de permitirme vivir desde la autenticidad, sin mendigar afecto ni permiso para existir.
Horus me recuerda que no estoy condenado a repetir historias. Que tengo derecho a escribir una distinta, aunque aún me tiemble el pulso. Que puedo amar de nuevo, con más verdad, con más calma. Que no necesito demostrar nada para ser merecedor de amor.
Hoy mi piel lleva la huella de ese dios halcón que lo ve todo desde lo alto. Y como él, estoy aprendiendo a mirar con perspectiva, con distancia del dolor, con agradecimiento por lo vivido… y con ilusión por lo que empieza.
Porque después de tanto arrastrarme, por fin he recordado que también sé volar.
Continuará…
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