485. Los buenos días siempre vuelven

By

Las cosas cambian.

La vida, sin avisar, nos zarandea, nos pone a prueba, nos rompe en pedazos. Perdimos amores que creímos eternos, amistades que pensábamos inquebrantables. Y, quizás lo más duro, perdimos partes de nosotros que dimos por sentadas. Partes que pensábamos que siempre estarían ahí, intactas.

Yo también me perdí. Me vi obligado a caminar por dentro, por senderos oscuros, donde ni siquiera sabía poner nombre a lo que sentía. Me volví experto en disimular, en guardar el dolor en cajones cerrados y en proteger a los demás incluso de mi propia tormenta. La alexitimia, algo que hasta hace unos meses desconocía que existía y además padecía, no era solo una palabra, era mi escudo… y también mi cárcel.

Pero, cuando menos lo esperas, el destino se encarga de girar el rumbo.

Y aparecen personas que no quieren salvarte, sino acompañarte mientras tú aprendes a salvarte solo.

Aparecen lugares donde, sin saber cómo, vuelves a respirar hondo.

Aparecen nuevos amores, sí, pero distintos: de los que no exigen, de los que abrazan tus ruinas y se sientan contigo a reconstruir sin prisas.

Entonces te miras al espejo. Y ya no ves a alguien roto, sino a alguien que ha sido valiente. Que ha aprendido. Que está aprendiendo.

Alguien que ha dejado de buscar el amor en quien no sabe ofrecerlo, y ha empezado a construirlo dentro de sí mismo.

Pase lo que pase, los buenos días siempre vuelven.

Y ahora lo sé: dependen de uno mismo.

De la decisión de agradecer incluso cuando duele.

De confiar, aunque la vida haya enseñado a desconfiar.

De dar, no porque se espere algo a cambio, sino porque dar es, a veces, el primer paso para sanar.

Lo que está por venir…

Lo siento en el pecho.

Será mejor que lo que quedó atrás.

Porque ahora camino con la certeza de que lo que viene, lo construyo yo.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario