487. Anubis: el guardián de mis sombras

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Hay quienes ven en los tatuajes solo tinta sobre piel. Para mí, este es un pacto con mi historia, un símbolo de todo lo que he sido, de lo que me tocó vivir y de las batallas que no siempre quise pero que igualmente enfrenté.

Elegí a Anubis, el dios egipcio de los muertos, porque representa el paso por la oscuridad, pero también la protección en ese tránsito, la guía en los caminos inciertos, la voz que acompaña cuando el silencio duele más que cualquier palabra. Durante mucho tiempo me sentí así: como si atravesara un desierto sin rumbo, donde las pérdidas, las decepciones, las dudas y los miedos eran lo único constante. Donde no había consuelo, ni comprensión, ni lugar seguro.

Anubis fue quien pesaba el corazón en el juicio final. Hoy, mi juicio no es ante ningún dios, sino ante mí mismo. Y no sé si mi corazón es liviano como una pluma, pero sí sé que por fin estoy en paz con él. Me ha costado, y aún sigo aprendiendo. He tenido que enfrentarme a muchas sombras propias —al silencio que provoca la alexitimia, a la culpa por errores pasados, a la tristeza de haber fallado incluso cuando no supe cómo hacerlo mejor—. Pero al final, todas esas sombras necesitaban ser vistas, no evitadas.

Este tatuaje es mi forma de decir que estoy listo. Que he reconocido a mis muertos, mis duelos, mis versiones antiguas… y que les he dado el lugar que merecen. No para vivir en ellas, sino para recordarlas con respeto y seguir avanzando.

Hoy llevo en mi piel la figura de un guardián. Uno que me acompaña, que me recuerda que incluso en los días más oscuros, puedo encontrar dirección. Que protegerme a mí mismo no es debilidad, sino fortaleza. Que no necesito esconder lo que me dolió para demostrar quién soy.

Y sobre todo, que no tengo miedo de seguir adelante.

Continuará…

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