El amor que siento por ti no deja de crecer. No es un impulso, ni un arranque de emoción, es algo que se asienta con cada gesto, con cada mirada, con cada conversación que tenemos al final del día.
Hoy, mientras la noche se posa sobre el mundo y el silencio empieza a arroparlo todo, me doy cuenta de algo: contigo no hay rutina que pese, ni días grises que asusten. Eres luz suave, calma en mi pecho, y el jardín que quiero cuidar siempre.
Con cada día que pasa, encuentro más razones para amarte, más detalles que me enamoran. Desde tu risa hasta tu forma de mirarme cuando no digo nada y, aun así, me entiendes todo.
Has traído a mi vida algo que nunca supe que necesitaba, pero que ahora no sabría cómo dejar de sentir: esa mezcla de ternura y paz que sólo tú sabes dar.
Buenas noches, mi refugio. Que descanses sabiendo que aquí, en este rincón del mundo, hay un corazón que late por ti… y que espera con ilusión cada nuevo amanecer contigo.
Continuará…
Deja un comentario