494. Cuando la noche no perdona, pero el amor acompaña

By

Anoche el cuerpo estaba agotado, pero la mente… no se rindió.

Hacía tiempo que no ocurría, pero volvió el insomnio.

Y con él, esa vieja costumbre de pensar demasiado, de buscar explicaciones donde a veces solo hay vacíos, de analizar miradas, gestos, silencios…

Todo aquello que me desvela porque mi cabeza no entiende, y mi corazón no sabe cómo soltar.

Volvió a mí el eco de lo vivido ayer por la mañana, esa sensación de ser rechazado sin motivo, de recibir desprecio gratuito sin haber hecho nada para merecerlo. Mi condición, la alexitimia, no ayuda. Me empuja a buscar lógica en lo que quizás no la tiene, me obliga a repasar cada palabra dicha, cada gesto, cada posibilidad… intentando encontrar un porqué que nunca llega.

Y así pasé la noche, dando vueltas.

Pero esta vez, no estaba solo.

Esta vez, alguien se dio cuenta.

J, medio dormida, se incorporó y me miró con esos ojos que no juzgan, que simplemente quieren entender.

“Niño —me dijo— cuéntame, ¿qué está pasando en tu cabeza esta noche? Si puedes, si quieres, háblame sin miedo. Estoy aquí para ayudarte.”

Y lo hice. Le conté lo que sentía, lo que me angustiaba, lo que no entendía.

Y su respuesta fue justo lo que necesitaba, aunque no lo supiera hasta escucharla:

“No puedes controlar cómo actúan los demás, por mucho cariño que les tengas. Si alguien tiene un problema contigo, es esa persona quien debe dar el paso para hablar, para aclarar, para construir. Tú no estás aquí para cargar con los silencios de nadie, ni para resolver problemas que no son tuyos. Si alguien decide tratarte mal, sin razón ni diálogo, ese peso no te pertenece. Tú sigue caminando igual, siendo tú, con paz. Lo demás… que se quede fuera.”

Y entonces, en medio de la noche, entendí algo importante:

No siempre se trata de encontrar respuestas.

A veces, lo único que necesitamos es que alguien nos escuche sin juzgar.

Que alguien nos recuerde que no todo lo que duele es nuestra culpa.

Que no tenemos que desvivirnos por entender a quienes no están dispuestos a entendernos.

Gracias, J.

Por no pedir explicaciones.

Por no tener prisa.

Por estar ahí, simplemente… estando.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario