495. A veces el alma también necesita respirar

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Hoy el cuerpo sigue cansado, pero ya no tanto por el insomnio, sino por el peso de los pensamientos acumulados.

No siempre el descanso depende de cerrar los ojos, a veces tiene que ver con soltar lo que llevamos dentro, con dejar que el alma respire y no se ahogue en lo que no podemos controlar.

Despertar junto a alguien que no sólo nota tus ausencias emocionales, sino que te invita a compartirlas sin miedo, es un regalo. Y si ayer fue una noche difícil, hoy empieza con un poco más de luz.

No porque todo esté resuelto, sino porque ya no duele igual.

Porque entender que no somos responsables de las sombras de los demás también es una forma de sanar.

Caminar con alguien que no exige explicaciones, pero ofrece presencia.

Alguien que no se aleja cuando te callas, sino que se queda a tu lado, esperando a que puedas hablar.

A veces eso basta.

Hoy no hay grandes conclusiones, ni lecciones que dar.

Solo la certeza de que, incluso cuando el día empieza gris, hay abrazos que hacen que valga la pena intentarlo una vez más.

Continuará…

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