497. También merezco recargarme

By

Hoy me dieron un puñetazo directo al alma. Uno de esos que no duelen por bruscos, sino porque llegan justo donde más necesitas que alguien mire.

Esta mañana, mientras todavía intentaba sacudirme el insomnio y las vueltas de la noche anterior, J me miró con esa calma suya que a veces parece venir de otro mundo. Me acarició el brazo y, casi como quien lanza una pregunta inocente, me dijo:

—“¿Prestarías tu cargador si tu móvil tuviera un 3% de batería?”

Y yo, sin pensarlo mucho, le contesté:

—“No, claro, lo necesitaría yo.”

Entonces vino el golpe, suave en la voz, brutal en el corazón:

—“Entonces, ¿por qué pones siempre a los demás por delante cuando tú estás agotado, vacío, exhausto? ¿Por qué haces ese esfuerzo que no te haces por ti? No se trata del teléfono… se trata de ti.”

Silencio.

Y mientras me quedaba en blanco, siguió hablando. Su voz era firme, pero dulce:

—“El problema no es que ames mucho a los demás… el problema es que te has olvidado de amarte a ti. Has confundido el sacrificio con el valor, el agotamiento con la entrega, la ansiedad con una forma de vida. Pero no viniste a este mundo para vaciarte mientras los demás se llenan. También tú mereces descanso, mereces paz, mereces ser prioridad.”

Me quedé ahí, quieto. Viéndola. Escuchándola. Sintiendo cómo me devolvía una parte de mí que yo mismo había enterrado en la costumbre de estar al servicio del resto. En la absurda creencia de que sólo valgo si estoy disponible para los demás. Aunque no esté disponible ni para mí.

Y sí. Tiene razón. Llevo demasiado tiempo así. Amando hacia fuera, sin mirar hacia dentro. Dando aunque ya no tenga. Ofreciendo incluso cuando mi propia batería está en rojo. Sin pausa. Sin tregua. Sin preguntarme cómo estoy.

Hoy ella me lo recordó. Me recordó que también merezco ser prioridad. Que mi paz no es un capricho, sino una necesidad. Que no debo llegar al límite para recién ahí comenzar a sanar.

Hoy entendí que amar no es desgastarse, sino compartirse sin dejar de ser uno. Que la entrega más hermosa empieza por casa. Y que, por una vez, también puedo decirme a mí mismo: descansa, respira, cuídate… tú también importas.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario