Para ti, que lo vas a leer esta noche antes de dormir…
Gracias por prometer que lo harías. Esta entrada es para ti.
Lo malo de las buenas historias es que también tienen pausas. Y esta, la nuestra, ha llegado a una de esas.
Han sido once días de compartirlo todo, de mirar con los ojos llenos de amor y el alma en calma. Días que han sido caricia y refugio, días que no cambiaría por nada. Y ahora, mientras te alejas camino de Madrid, yo me quedo con el eco de tu risa en las paredes, con el aroma de tu presencia aún flotando en el aire, y con la certeza de que el tiempo contigo nunca es suficiente.
Sé que esto no es un adiós. Pero no puedo evitar sentir ese nudo en el pecho al pensar en los próximos días sin ti: sin tus besos, sin tus caricias, sin tus palabras dulces rozándome el alma, sin esa paz que sólo tú sabes darme con un gesto, una mirada, una mano entrelazada.
Me quedo con todo. Con tus “buenos días” llenos de ternura, con tus silencios compartidos, con el calor de tu piel y el calor de tu corazón. Me quedo con la forma en que, sin quererlo, me enseñaste otra manera de amar: más real, más suave, más sincera.
Y aunque duela este pequeño paréntesis, ya empiezo a contar los días, las horas y los suspiros que faltan para abrazarte otra vez. Para mirarte de nuevo y decirte —sin decirlo— que todo es más bonito contigo.
Descansa esta noche, amor. Yo me quedaré soñando contigo.
Porque aunque te vayas, tú no te vas de mí.
Y lo sabes.
Hasta pronto, mi hogar.
Continuará…
Deja un comentario