Y ha tocado noche larga…
De esas en las que el silencio pesa,
en las que las sábanas se sienten frías
y el eco de los latidos no acompaña, sino que duele.
J se fue hace horas,
y aunque el cuerpo está agotado y suplica descanso,
la mente no lo permite.
Es como si su ausencia abriera un vacío
donde antes solo había calma y susurros.
Dormir a su lado era…
tan bonito, tan cómodo, tan de verdad.
Me había acostumbrado a su respiración pausada,
a su mano buscándome en mitad de la noche,
a ese calor de piel que no solo abriga el cuerpo,
sino también el alma.
¡Qué bueno es enamorarse!
Pero qué difícil es dormir sin esa paz que te regala.
Es una mezcla de nostalgia y gratitud,
de echar de menos y a la vez sentir que soy afortunado por tener algo así que extrañar.
No sé cuánto tardaré en dormirme,
pero sé que cuando por fin lo haga,
será soñando con su risa,
con su abrazo,
con su forma de convertir mi caos en refugio.
Y aunque esta noche sea larga,
sé que volverá el momento en que despierte con su sonrisa enfrente.
Y valdrá la pena.
Continuará…
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