504. Sin caretas, sin dudas

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Cada día soy más consciente de mis errores. No hablo solo de equivocaciones puntuales, sino de esas decisiones que tomé sin escucharme, sin comprender lo que de verdad sentía. Hoy sé reconocerlas, aceptarlas, y sobre todo… aprender de ellas.

Dentro de mí hay algo que nunca se ha callado, aunque muchas veces no supe interpretarlo: esa pelota en el pecho que no entiende de lógica, pero que lo siente todo. Cada día late con más claridad, me habla con más firmeza, me recuerda con cada impulso quién soy, lo que quiero y lo que no estoy dispuesto a volver a permitir.

Y es precisamente desde ese lugar desde donde empiezo a ver con otros ojos. A descubrir quiénes merecen quedarse y por quién merece la pena seguir luchando. A quién quiero a mi lado en los días buenos y en los malos, y a quién, con toda la calma del mundo, puedo decirle “hasta mañana”… aunque sepamos que ese mañana no llegará. Porque no tiene por qué llegar.

No desde el rencor, ni desde el orgullo. Solo desde la claridad.

Vivimos en un mundo repleto de máscaras, de palabras que dicen una cosa pero esconden otra. Y yo… ya no quiero eso. No necesito ambigüedades, ni fingimientos, ni medias verdades. Porque cuando uno tiene claro lo que siente, lo que quiere, lo que está dispuesto a ofrecer y a recibir… las caretas sobran. Y los silencios duelen menos que las falsas presencias.

Hoy, desde esta versión mía que crece, que se equivoca, pero que se escucha y se respeta, me abrazo fuerte. Y con esa misma fuerza, elijo seguir caminando con los míos… y despidiendo en paz a quien ya no tiene por qué seguir conmigo.

Continuará…

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